Servicio de Asistencia a Personas con Movilidad Reducida de AENA
El pasado 14 de noviembre de 2021 me encontraba en Fuerteventura, ya que había viajado para visitar a un hijo que vive en esa maravillosa isla. Ese mismo día por la mañana me comunican que ha fallecido un hermano mío y compro un billete de avión de la compañía Iberia, con escala en Madrid, que me permitía llegar a Asturias a las cinco de la tarde, de tal manera que pudiese acudir al velatorio a despedirme de él. Además, como en otras ocasiones, solicito a través de la compañía aérea el servicio de asistencia a personas con movilidad reducida que gestiona AENA, ya que soy una persona mayor con una discapacidad debido a una operación de rodilla por la cual camino con cierta dificultad y además no estoy acostumbrada a moverme por aeropuertos. Al llegar al aeropuerto de Fuerteventura, me recibe el personal de asistencia y en silla de ruedas me dirige hasta el avión con destino Madrid. Cuando el avión aterriza en el aeropuerto de Barajas, acuden de nuevo a buscarme y me dejan esperando en la terminal en la silla de ruedas, ya que me indican que acudirán a por mí para llevarme al siguiente vuelo con destino Asturias, que salía en una hora. Me mantengo a la espera y cuando se aproxima la hora de embarque del otro vuelo veo que nadie se ha acordado de venir a por mí; por tanto, cuando pregunto y se dan cuenta de que estoy allí esperando, no puedo embarcar ya que el avión ya iba a despegar. En ningún momento se me da una explicación de por qué no me llevaron al siguiente vuelo cuando correspondía. El personal del servicio se ofrece a gestionarme con Iberia un nuevo vuelo, el cual despegaba cuatro horas más tarde; por tanto, además de la espera interminable en el aeropuerto, ya no llegaba al velatorio. Nuevamente me dejan esperando en la zona de embarque, pero ya en la puerta por la que se va a embarcar para el vuelo a Asturias, y me indican que vendrán a por mí para llevarme al avión cuando este comience. Veo que pasan las horas, me llama mi hijo y me indica que ya deberían estar llevándome hasta el avión, pero como nadie viene nuevamente a por mí y veo que el resto de pasajeros ya está embarcando, no me queda más remedio que dejar la silla de ruedas y caminar hasta el avión, ya que si no volvía a perder el vuelo. Ya en el avión, personal de Iberia me preguntó qué había ocurrido para que no me acompañasen, ya que les constaba que tenía que haber llegado acompañada, les expliqué que nadie me daba ninguna explicación y, por tanto, no sabía el motivo de tal abandono por parte de las personas que llevan el servicio de asistencia. Una vez en Asturias, me recibió el personal de asistencia, me acompañaron a recoger mi maleta y me llevaron correctamente hasta la salida del aeropuerto. Esta fue mi experiencia con un servicio que se supone que se presta precisamente para facilitar el acceso de las personas con movilidad reducida en los aeropuertos, y que, en mi caso, no solo no me ha facilitado el viaje, sino que me lo ha dificultado enormemente.
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