Paradojas como las copas de los pinos
Son muchas, demasiadas, las contradicciones, las incongruencias o las incoherencias que se dan en el ámbito de la vida social y política, pero ninguna de tanta envergadura como las relacionadas con el poder en los más altos cargos de las administraciones públicas.
Es muy curioso que a cualquier persona que traspase la frontera de los 50 se le considere que está para jubilarse y que, por tanto, debe dar un paso atrás en favor de la juventud, y sin embargo superar la barrera de los 80 años puede ser un condicionante a favor para regir los destinos de los países más desarrollados del planeta.
No parece muy lógico que a la experiencia laboral no se le dé ningún valor y que se prescinda de mucho talento en las empresas por la razón ya expuesta, y que se considere normal, en política, e incluso positivo, otorgar poderes absolutos a octogenarios.
Tampoco entiendo muy bien por qué en determinadas profesiones la edad imprime carácter, sabiduría y prestigio, como puedan ser los abogados, los médicos, los arquitectos o los actores, y en otros, en la mayoría, ocurre todo lo contrario.
No digo con esto que esté a favor o en contra de las jubilaciones tempranas o de las Presidencias longevas, solo digo que me parecen paradojas como las copas de los pinos, pero de señores pinos.
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