Sobre los más ricos y los otros
"Los diez más ricos duplican sus fortunas mientras el 99% gana menos". Dice "La tira y afloja", cuyo guionista suele estar bien informado. Debe ser muy difícil duplicar algo que ya es enorme. Sin embargo, se infiere que es un hecho de lo más natural, dado que hace tiempo que algunos multimillonarios opinan que pagan pocos impuestos. Pero no les corresponde a ellos cambiar las normas, sino que es al revés: según sean las normas ellos jugarán para enriquecerse siempre más. Si el sistema es amoral, ellos no son los culpables si cumplen con lo que la ley tiene establecido.
Hace unos dos siglos los esclavos veían que los esclavos con amos mucho más ricos vivían mejor y se les trataba mejor. Llegaron a la conclusión de que la abundancia de riqueza en los amos era algo importante para ellos. Así que procuraban que sus amos fuesen más ricos. Luego, conseguida la libertad, se convirtieron en asalariados y vieron que los más ricos pagaban mejores salarios. La conclusión fue que la riqueza era un bien particular que se transformaba en bien común general por medio de los salarios. Entonces surgió una revolucionaria idea: que el Estado debería especializarse en que el flujo de la riqueza hacia los ricos fuera eficaz, para que luego se deslizase aguas abajo. Por tanto, el Estado planificaría el bien general y contrataría y pagaría a las empresas de los más ricos para que ejecutaran las acciones encomendadas. Así surgió la importancia de esos impuestos que daban poder al Ejecutivo de la nación. Pero, así como las naciones tienen estrategias territoriales y los gobiernos estrategias impositivas, la riqueza siempre tuvo estrategias patrimoniales. Por una parte, los gobiernos descubrieron que la mejor manera de recaudar más era a través de los asalariados que dependían de sus salarios. Por otra parte, los más ricos aprendieron a no adjudicarse ningún salario de sus empresas para pagarse sus necesidades, sino que pedían prestado a un banco para ir gastando en sus antojos (pagando siempre un interés mucho menor al banco que lo que tendrían que pagar por los impuestos si ingresasen un salario desde sus empresas). Mientras, los réditos de sus activos en las empresas eran más altos al recibir contratos o abrirles mercados el Estado. O sea, que el concepto clave es el salario que el 99% necesita para pagar sus necesidades. Entonces, en 1982, se publicó el informe para el Club de Roma: “Microelectrónica y sociedad -Para bien o para mal-”, que avisaba sobre cuál iba a ser el camino que seguiría el concepto salarial. Establecía que la microelectrónica y los robots acabarían con la clase asalariada y que en 30 o 40 años todo iba a ser absolutamente diferente, siendo el más peligroso de los cambios el del trabajo humano, cuando obreros y empleados fuesen sustituidos por autómatas pensantes. Desde entonces en el mercado siempre ha habido más demandantes de empleo que ofertas, lo que conduce a salarios cada vez más bajos en estas.
Ocurrió que un país subdesarrollado como China, con sus dumpings de todo tipo, ha pasado a ser el gran productor, poniendo en jaque mate a muchas pequeñas empresas del mundo, cuyos propietarios sí recibían un salario de ellas. Otras empresas más automatizadas y que no pagan salarios a sus propietarios van acaparando todo el mercado que abandonan las pequeñas. Su rentabilidad es enorme, jugando con su sistema productivo altamente robotizado, con sus nulos empleados en las fábricas, con sus inteligencias artificiales tomando rápidas decisiones sin directivos. Eso hace que personas reales ingresen menos y busquen servicios más baratos, en los cuales son tratadas automáticamente como seres virtuales por máquinas que, según les dicen, reducen empleos y costes. Eso hace que la riqueza apenas gaste en salarios aguas abajo, y solo esté preocupada por el consumo o pedidos de que dispone para generar ingresos. Como a la inteligencia artificial (IA) la han comprado y los datos de los ciudadanos le llegan a su IA por las aplicaciones de que disponen, saben dónde está el máximo apriete para un máximo beneficio y cuál debe ser el número de productos a fabricar para que muchos pequeños beneficios les hagan multimillonarios, abocando así al cierre a otras empresas en el mundo global. No les importan ya los salarios (que no pagan), sino saber de cuántos consumidores dispone y de cuánto dispone cada consumidor para jugar en su juego. Como ya no pagan salarios, sino recibos del consumo de energía de sus máquinas y robots, hay una guerra importante sobre el precio de la energía (salario de la Máquina) y también por el precio del transporte y la logística (o cómo llegar al máximo de clientes con su máximo número de productos antes que los demás). A pesar de ser muchos en el mundo los que se quedan fuera del mundo: sin logística y sin poder pagar.
A la riqueza de los más ricos solo les quedaba controlar el flujo del dinero para que todo caiga en su remolino dentro del caos. Por eso crean criptomonedas virtuales y plataformas que están bajo el control de sus IA, para que cualquier persona real pueda pasar su dinero real de su banco real al bolsillo real de ellos: vendiéndole jugar en el mundo virtual o metaverso creado para ella, en donde compra y vende bajo total control. Así es como se lo llevan todo a sus remolinos, donde los algoritmos compran barato y venden caro. Todo ocurre a la par: la riqueza se duplica y la pobreza también.
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