Goleada de Urdangarin a los republicanos
Confieso que lo intenté con todas mis fuerzas, pero no pude resistirme a la presión televisiva y me empapé todo lo que pude de las aventuras y desventuras del hidalgo caballero Iñaki de Euskadi. La noticia paralizaba el país y resultaba imposible que se tratarán otros asuntos ¡No se hablaba de otra cosa! Ni siquiera de las inquietantes amenazas "putinistas" de invadir Ucrania y cerrar la llave del gas europeo desplazaron la noticia.
Las fotos que originaron el tsunami mediático nos mostraban al exyerno paseando con una desconocida mujer por una playa, tomados de la mano, felices, como dos jóvenes enamorados. Ambos estaban casados, pero con otras parejas. Él con la hermana del actual Rey, hija de rey, y ella con un trabajador (colaborador los llaman en las multinacionales ahora) de la fábrica Mercedes.
Era una noticia morbosa "sine die".
Los canales monotemáticos especializados en vasos canopos se frotan las manos. Empieza la cirugía de ritos egipcios, por partes, con vísceras del exduque seccionadas y esparcidas sin control.
Nos recuerdan sus días de gloria y rosas, su visita a la cárcel, buscan declaraciones de su madre, de uno de sus hijos, hasta de una ex que dejó a las puertas del altar. Enviados especiales hacen imaginarias en las puertas de las casas y oficina de los enamorados. Las trincheras del periodismo de investigación han cambiado, ¡Ay, si Manu Leguineche levantará la cabeza!
Filón informativo inagotable y cotilleo a tope. ¡Queremos saber más!
Un reportero suicida uniformado de domingo Decathlon toma la palabra: "Son cinco minutos y treinta segundos lo que pedalea el exjugador de balonmano en recorrer la distancia que le separa de su casa a la oficina donde trabaja". El reportero añade para agrandar su hazaña que el frío en Vitoria es polar y su felicidad es máxima porque ha desvelado un gran secreto oculto al mundo.
Pienso en su jefe. ¿Sabes ir en bicicleta? Pues vístete de Super Ratón y haces el trayecto del reo en bici. Lo que él hace todos los días, y nos lo cuentas. Miro a mi alrededor y no entiendo cómo hemos podido vivir sin esta información, ¡cuán ignorantes somos, cáspita!
Faltan los comentarios de los tertulianos "grandes reproductores", pluriempleados de varios medios y que lo mismo hablan de medicina, de seguros de responsabilidad civil, de tenis, de economía, de física o de la extraña enfermedad de los ciervos americanos. Son los nuevos críticos cojos que nos explican cómo debemos correr.
El excuñado es un hombre con mucho sentido del humor porque firmaba emails riéndose de los gentilicios de la isla de acogida de su ducado ya que en vez de "de Palma o palmesano" prefirió "em..Palma.. do". Me pregunto si su exsuegro firmará de alguna forma original porque será "lo que hacen todos" o son "cosas que pasan".
En esto también se fija el redactor de un programa de despiece cárnico cuando reproduce unas imágenes con el blanco descaradamente dirigido y las comentaristas se ríen con descaro con chistes burdos sobre las fuerzas ocultas de Urdangarin y avalando el supuesto carácter "rasputiniano" del muchacho.
Desde el otro lado de la pantalla huele a envidia porque lo que tenemos todos, y especialmente todas, muy claro es que el vasco es un chicarrón alto, fuerte y bien parecido. Son las mismas mujeres indignadas con los piropos de los "colaboradores albañiles" a las mujeres paseantes. Hablo del pleistoceno, cuando todavía había albañiles. Y piropos, que ya lo advirtió Cristina Almeida declarando que "yo como mujer quiero ir tranquila por la calle".
Remata la faena un afamado "trasgu" radiofónico que suele hablar muy enfadado todas las mañanas: "La Infanta compró un guapo semental, él quiere separarse y recuperar su dinero".
Descubro algo que no habitaba en mí y es simpatía hacia esta familia y por extensión a la Familia Real.
Malas noticias para los republicanos. Hasta los agnósticos nos hemos hecho valedores de este régimen, ¿hay alguna alternativa mejor?, ¿y más divertida?
Si los Reyes actuales trabajan con seriedad como lo vienen haciendo, permanecen distantes sin hacerse campechanos y no firman nada raro, tenemos monarquía para rato.
La "urdangarinada" es una gran campaña de publicidad, a la británica, "más escándalo, más monarquía".
No tengo claro si el genial Salvador Dalí lo decía, pero desde luego sí que lo practicaba con tanto mérito como esmero: "Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí, aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien".
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