Señorías, ya les vale
Señorías, ya les vale. El espectáculo visto y vivido en el Congreso de los Diputados del Parlamento español el pasado jueves 3 de febrero, en mi opinión, es para sacar los colores al más plantado y pasota de este santo país, que, según parece, está dispuesto a aguantar cuanto le echen encima.
Quienes ya estamos viviendo la octava década de nuestra vida, no acertamos a imaginar lo que estarían pensando nuestros mayores de lo visto ese día, después de que ellos hubiesen tenido la desgracia de pasar por una guerra civil, que otros les dieron servida. Sus descendientes tuvimos que soportar durante todos los años de posguerra las mil y una calamidades que la guerra nos había dejado. Hicimos cola en el Auxilio Social, soportando disciplina casi militar para poder mal comer caliente una vez al día. Soportamos las impertinencias de una escuela primaria en la que se nos trataba como a auténticos borregos. A los 14 años nos pusieron a trabajar cada uno en lo que pudo, para ayudar en lo posible en la mísera situación económica familiar, tan al uso entonces. Muchos, después de servir a la patria haciendo un servicio militar obligatorio, mal alimentados y peor tratados, propio de un país tercermundista, a las órdenes de ciertos mandos que más demostraban estar formados para acabar de embrutecernos que para enseñarnos a ser útiles en algo a nuestro país, decidimos emigrar durante un tiempo, con la ilusión de mejorar económicamente y regresar algún día a nuestro país, pensando en que aquello acabaría y que una vez establecido un sistema democrático, interrumpido décadas antes por la nefasta guerra civil provocada, a mi entender, por el mal hacer de unos y la intolerancia de otros, resulta que ahora en el ocaso de nuestras vidas tenemos que contemplar abochornados espectáculos como el que sus señorías nos dieron ese jueves de San Blas.
Esto no se puede entender, ni como el resultado de una horrible pesadilla. Se dice que tenemos la juventud mejor formada que nunca antes, y yo pregunto, ¿Quién estando tan bien formado fue capaz de votar a quienes hoy en uno y otro bando ocupan esos puestazos también remunerados en nuestro Parlamento, para que luego nos salgan tan sumamente irresponsables y demuestren tan a las claras estar allí solo en defensa de los intereses personales y de sus partidos, pero lejos del interés de la ciudadanía que les votó y que los alimenta con sus impuestos? ¡Qué bochorno! Solo se me ocurre decir, ¡pobre España, y pobres españoles!
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