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Los países no alineados y la conferencia de Bandung: el Canal de Suez

12 de Marzo del 2022 - Alfredo Sancho Cavo (Madrid)

A raíz de que los EE UU de Truman iniciaran la “guerra fría” contra Rusia, algunos dirigentes políticos consideraron que no querían estar ni a favor ni en contra de esas batallas. Se les aplicó el nombre de “países no alineados”. Uno de sus intereses era preservar África de la “guerra fría” entre ambos bloques por miedo a que se convirtiera en guerra caliente, como desgraciadamente ocurrió pocos años después.

Tres líderes fueron los iniciadores: Nehru, priner ministro indio; Nasser, presidente de Egipto; Sukamo, presidente de Indonesia.

Los tres políticos citados materializaron sus ideas en la Conferencia de Bandung, que se celebró en la ciudad del mismo nombre del 18 al 24 de abril de 1955. Se acordaron una serie de preceptos que deberían guiar entre los países no alineados, también conocidos por el “tercer mundo”. De ellos destacan los siguientes:

1º Respeto de los Derechos Fundamentales del Hombre, en los términos que especifica la carta de la ONU.

2º Respeto de la integridad y soberanía de las naciones.

3° Los estados firmantes se abstendrán de intervenir en los asuntos internos de otros países.

4° En relación a Rusia y USA, prohibición de firmar acuerdos colectivos de defensa con ellos o con países de su esfera de influencia. Por ejemplo, con miembros de la OTAN.

Es preciso dejar de manifiesto que la locución “tercer mundo” no tenía entonces ni mucho menos el sentido peyorativo que tiene ahora cuando decimos de algo que “es tercermundista”, entonces se decía de los países que querían ser libres y no depender de ninguna de las dos potencias que tenían armamento nuclear. Más bien era un motivo de orgullo.

Se produjo a los pocos meses de la Conferencia de Bandung un suceso telúrico: Nasser nacionalizó el Canal de Suez.

El Canal de Suez era propiedad de Egipto, pero desde su inauguración en 1869 lo explotaba una empresa concesionaria, y esa fue la que nacionalizó el presidente Nasser el 26 de julio de 1956.

Los accionistas de la concesionaria eran en su mayoría franceses e ingleses, fácilmente entendible porque francés era Lesseps, su constructor y financiador –también era accionista Eugenia de Montijo–, y para Inglaterra el Canal era indispensable para acortar el viaje de personas y mercancías hacia la India, su principal mercado.

La reacción de Francia y de Inglaterra, países en los que, como se dice más arriba, vivían la mayoría de esos accionistas, no se hizo esperar. Para ello esos países urdieron con Israel una supuesta acción pacificadora en Egipto, que se acordó en una reunión bipartita secreta el 22 de octubre en Sévres, en la que participo por Gran Bretaña Selwyn Lloid, ministro de AA EE.

Siguiendo el guion que habían pactado, Israel atacó el 29 de octubre a Egipto. El día 28 el Gobierno británico dio órdenes a su flota en Malta para que zarpara rumbo a Egipto. El día 30 Francia e Inglaterra dirigieron en su papel de “pacificadores” un ultimátum a Egipto y a Israel, que afectaba en realidad al primer país, declarando que ocuparían el Canal si no se interrumpían las hostilidades.

Nasser recurrió el ultimátun ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Una resolución presentada por USA, en la que se oponía a los planes anglo-franceses, fue vetada por Francia y por Inglaterra.

El 31 de octubre paracaidistas franceses y británicos atacaron Alejandría, ciudad importantísima cercana a Port Said que es la entrada norte del Canal, y también atacaron Port Fuad, que es la entrada sur, cercana a la península del Sinaí.

El 6 de noviembre comenzó la invasión por mar de franceses e ingleses. La cual quedó interrumpida esa misma noche por la aceptación por ambas partes de un alto el fuego.

¿Por qué Gran Bretaña paró la invasión? Porque el Gobierno de USA, actuando por medio de la Reserva Federal, hizo desplomarse la libra esterlina. Como consecuenda de ello Anthony Eden, primer ministro de la Gran Bretaña, perdió predicamento entre los electores y entre su partido, y acabó dimitiendo el 10 de enero de 1957.

Dos constantes de la política quedaron entonces de manifiesto: una, el “Principio de la Concepción Materialista de la Historia”; otra, que todo imperio crea “estados satélites”.

Engels primero, y luego Carlos Marx en su prólogo a la “Contribución a la crítica de la economía política”, demostraron que se cumple siempre el “Principio Materialista de la Historia”, que es inherente a toda actividad económica humana. Hasta que USA impidió que naciones libres e importantes como Gran Bretaña y Francia pudieran defender por la fuerza lo que consideraban derechos de sus ciudadanos, a los estados aliados de la URSS se les conocía peyorativamente en la prensa como “países satélites”.

Desde entonces nos hemos dado cuenta de que los estados que se llaman a sí mismos “occidentales” –aunque todos los países de la UE estemos al este de Washintong– somos “países satélites” de USA.

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