Censura

15 de Marzo del 2022 - J J. J. Suárez González (Gijón)

“Hay que silenciar a algunos militares retirados que están desinformado”. Estas palabras se dijeron el lunes 14 en el programa “Hoy por hoy” de la SER. La censura a la que asistimos en los medios de comunicación cada vez es más grosera y más explícita, y cuando alguien se atreve a decir este tipo de cosas a la audiencia es que piensa que no solo no le va a pasar factura, es que alguien se lo va a agradecer. Que el coronel Pedro Baños haya tenido que abandonar el programa de Iker Jiménez “cansado y harto de recibir amenazas” nos retrotrae a la peor época de la dictadura franquista, donde, mediante el segundo artículo de la ley de Prensa de Manuel Fraga, se podían secuestrar periódicos y revistas. Otros militares de alta graduación en la reserva también han sido amenazados o apartados de la TV y de los periódicos por emitir opiniones distintas al relato oficial y mediático sobre lo que está sucediendo. Durante el franquismo había periodistas valientes que burlaban y se enfrentaban a la censura. Para poner a un hombre del tiempo delante de un mapa con isobaras diciendo: “En España reina un fresco general procedente de Galicia”, como hizo “La Codorniz”, había que tenerlos bien puestos. Los sindicatos regaban los polígonos industriales de octavillas y el PCE nos contaba otra versión de los hechos desde Radio España Independiente, la entonces popular “Pirenaica”. En Gijón, un comunista llamado Roberto salía del puerto de El Musel, en su Seat 133, con el maletero lleno de “Mundos Obreros” y cuando la guardia civil le preguntaba en la Aduana si llevaba algo les respondía con una sonrisa: “No, solo llevo propaganda comunista”. Aquella gente, aquellos valientes, ya son ancianos y ya se han muerto. Yo tengo muy claro, desde que, siendo joven, vi la película de dibujos animados “Rebelión en la granja”, prohibida durante 20 años en EE UU y basada en la novela con el mismo título de George Orwell, que solo hay algo peor que el fascismo: el estalinismo. Pues bien, en algo muy parecido al estalinismo están ya los medios de comunicación.

Cuando, tras algún abuso o alguna violación, muchas mujeres se echaron a la calle bajo el lema “Nosotras sí te creemos” e insultaban a los jueces si no dictaban sentencia solo con el testimonio de la mujer, de su relato, aquello a mí me empezó a preocupar mucho, pero me empezó a preocupar mucho más el irresponsable tratamiento mediático que se le daba. Todavía no había censura, pero estábamos muy cerca. O te subías al carro o te colgaban el sambenito de asqueroso machista. Tampoco es baladí recordar ahora la serie que durante meses Telecinco emitió machaconamente, donde, mientras Rocío Carrasco contaba lo que le parecía, todos la apoyaban, y si había algún tertuliano o tertuliana discrepante se le hacía callar, se le echaba del plató o se le insultaba delante de toda la audiencia. Por supuesto que ese tipo de cosas no eran una preparación para alcanzar mayores cotas de censura y de relato único en asuntos más importantes, en asuntos capitales, pero eran precedentes muy peligrosos que han facilitado la clara censura que ya tenemos y que no parece tener casi contestación social.

Solo puede haber un relato, un pensamiento único, y los que discrepen serán arrojados a los infiernos. Mientras los informativos se llenan con la guerra en Ucrania, no hablan de los cientos de empresas que están cerrando, de la flota amarrada, de la huelga del transporte y de las verdaderas causas de esta gravísima crisis. Con censura y con un relato único será más fácil imponer sacrificios a la gente. Paradojas de la Historia, el coronel Baños, especialista en geoestrategia, defensa, seguridad, terrorismo yihadista e inteligencia, y con una amplia carrera profesional, sería hoy compañero de lucha del camarada Roberto, compañeros de lucha por la libertad. Eternamente, gracias a ambos.

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