Pesadilla apocalíptica en Ucrania
Después de la odisea de haberme leído el prospecto desplegable y novelado de Pfizer, explicando los efectos secundarios de su vacuna “milagrosa”, opté por una siesta reparadora sin efectos secundarios, que indujo un sueño misterioso de controvertida explicación.
Entre nebulosas veía una hidra de múltiples cabezas (EE UU, OTAN, Rusia, China, Zelensky, Putin y Biden), sentados en un cómodo y amplio salón, jugando a la destrucción de vidas ajenas, edificios y tanques, emulando el reparto de la antigua Yugoeslavia, pero cambiando las reglas del juego, dedicándose esta vez a defender el principio de soberanía nacional, y para nada reconocer independencias tipo Eslovenia, Croacia y Bosnia, cuando se trata de Ucrania.
Zelensky podría haber evitado o detenido este conflicto en cualquier momento, y podría hacerlo incluso ahora, si renunciara a su intención de unirse a la OTAN, tener la bomba atómica y prometer mantener un estatus neutral.
Putin podría haber evitado o detenido este conflicto en cualquier momento, y podría hacerlo incluso hoy mismo, sin bombas, cortando la energía.
Una quimera. Estados Unidos y sus aliados de la OTAN parecen estar haciendo todo lo necesario para prolongar la guerra el mayor tiempo posible, mientras unos, los ucranianos, reciben con los brazos abiertos a decenas de miles de voluntarios extranjeros de países occidentales que han solicitado incorporarse a la guerra; y otros, los rusos, acaban de aprobar que decenas de miles de voluntarios extranjeros, en su mayoría de Irak, Siria e Irán, se unan a su causa y sean enviados al frente.
De prolongarse en el tiempo, terminarán por desaparecer las enseñas de representación nacional, y serán sustituidas por emblemas de batallones bélicos y tétricas calaveras, en una contienda sin pulsión patriótica, de mercenarios contra mercenarios, ajena a las necesidades y voluntad de la población civil.
En el horizonte, yo creo que muy lejano, la idea de un crematorio nuclear colectivo exitoso debido a las criaturas sádicas y psicópatas en la cima de la pirámide en los principales estados, jugando con artilugios nucleares, aunque más resulta una táctica de miedo psicológico que parece estar funcionando, nada más... y nada menos.
En un segundo escalón, la posibilidad de un incidente o un accidente con armas biológicas que, en un despiste o negligencia del conserje nocturno de bajo nivel, abra accidentalmente el congelador equivocado en cualquiera de los treinta laboratorios que tienen en Ucrania, y comience una pandemia mundial.
Me niego a pensar que estén contemplando o preparando un escenario así (para culpar a Rusia), poniendo en riesgo a sus propias poblaciones a cambio de mucho dinero y un eventual billete de avión, lejos de allí, si fuera necesario, pero no me lo quito de la cabeza considerando la premonición de los cuatro jinetes del Apocalipsis: acabamos de tener la “peste”, estamos teniendo la guerra, el hambre llama a la puerta y pronto esperaremos la muerte. Profecía cumplida.
La paz es, por supuesto, una gran amenaza para nuestra clase política criminal, que, para distraer la atención de sus políticas fracasadas, ama la guerra y ama el caos. No hay una pizca de honestidad o decencia en esta gente, a la que habría que hacer vivir una vida de miseria para enseñarles cómo sobrevive la mayoría. Espero que haya un infierno esperando a esas personas, y no solo el infierno que han creado aquí para todos nosotros.
Reclamo una rogatoria colectiva para que todos los psicópatas indiferentes que se enriquecen a costa del dolor de las personas, lidiando con la muerte y la miseria, robando, estafando y asesinando a sus semejantes, sufran horriblemente hasta el final de sus días, incluso después.
Saludos cordiales.
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