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Solidaridad a la europea

17 de Marzo del 2022 - Alejandro González Lada (Urbiés)

Tiene que ser muy duro verte obligado a dejar tu tierra, más aún cuando ese exilio obedece a una guerra provocada por la invasión de un pueblo hermano. Tener que dejar atrás toda una vida, y algunos buena parte de su familia, sin saber qué suerte correrán, es algo que no quiero ni imaginarme.

Europa recibe hoy con los brazos abiertos a millones de ucranianos que huyen de la guerra, todos los estados están ofreciendo acogida y ayuda a esas personas. Polonia lleva acogidos cerca de dos millones de refugiados, Rumanía casi medio millón, Hungría va camino de los trescientos mil, y así podríamos seguir con Eslovaquia, Moldavia, etcétera.

Hay quienes se sienten reconfortados por la reacción de países y personas, por esa Unión Europea, por esa solidaridad espontánea e inmediata con el pueblo ucraniano, y es de agradecer, pero a mí esta solidaridad me provoca al mismo tiempo cierto resquemor y bastante vergüenza, porque Europa está demostrando capacidad suficiente para exhibir esa solidaridad cargada de hipocresía, de carácter racial y, por qué no decirlo, xenófoba. Yo que pensaba que ser solidario significaba serlo sin tener en cuenta razas, nacionalidades o colores, me encuentro con que no es así, y, si no, comparen esta situación con la de los refugiados sirios.

Hoy podemos oír al mismo Rey de España aludir al sufrimiento “desgarrador” que están soportando los ucranianos a causa de una guerra “sin justificación”, pidiendo solidaridad con el pueblo ucraniano, y esto está muy bien, pero ¿qué pasó con los sirios? ¿Por qué no hubo la misma reacción? ¿Por qué tuvo que morir un niño en una playa para que los medios se hicieran eco de la tragedia que estaban viviendo estas personas?... No hace falta pensar mucho, Europa mostró su cara más cruel e insolidaria, en donde una minoría xenófoba impuso su criterio, pero no es menos cierto que esa minoría contó con el balbuceo de la mayoría conservadora. Recuerden a Salvini y su negativa a permitir la entrada de barcos con emigrantes en puertos italianos, recuerden las alambradas levantadas por húngaros y griegos, todas esas personas ateridas de frío bajo la nieve, las palabras de Viktor Orban calificando a los refugiados de “la verdadera amenaza de Europa”, y ahora repitan conmigo: solidaridad...

Europa ha demostrado capacidad para portarse solidariamente con un pueblo europeo, pero en lo que respecta a humanidad sigue suspendiendo, y, lo queramos aceptar o no, debemos agradecer estas posturas al neofascismo, auspiciado por medios de comunicación interesados en vender a estas formaciones como un partido político democrático más, y, sobre todo, por los partidos conservadores que no les hacen ascos a la hora de formar gobiernos.

Esperemos que no vuelva a tocarnos vivir otro 39, que en Francia no gobierne ningún Le Pen y que los Salvini-Orban desaparezcan de la faz de la Tierra, porque, en definitiva, como dijera el Dalai Lama: “Aunque haya religiones diferentes, debido a distintas culturas, lo importante es que todas coincidan en su objetivo principal: ser buena persona y ayudar a los demás”. Que, en resumidas cuentas, es lo que significa ser solidario.

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