Los enemigos de Europa
El aspirante Feijóo y el ejerciente Sánchez, por motivos que el manual del globalista hermana, se han referido recientemente a los “enemigos de Europa”. Ciertamente Europa ha tenido y tiene enemigos. Dentro y fuera. También durante siglos Europa se ha empeñado en demostrar que puede ser su peor enemigo, y que se sobra y se basta para incendiarse y poner en un brete a medio mundo, si no al mundo entero. La Unión Europea ha sido, pues, hija tardía de padres ya añosos, bregados y resabiados, y con tales antecedentes genéticos está resultando ser una criatura problemática, de trabajoso, lento y desconcertante desarrollo, plagado de altibajos humorales y temperamentales, que no acaba de encontrarse a sí misma y madurar para heredar, ya como empresaria autónoma, lo mejor y no lo peor del negocio, del patrimonio y del armario familiar. Por eso, quizá sus peores enemigos -como casi siempre sucede en los aconteceres más sórdidos- estén ya en su mismo predio o rondándola rijosos desde el seto de fincas aledañas.
Pero si no es un consabido, ya falta poco para que lo sea el que, mientras aquellos torpes vejestorios de la mitología bíblica acosaron a las bravas a una Susana con redaños, los jupiterianos sumos sacerdotes de la nueva religión van ahora de mentores, tutores, educadores, guías, profesores particulares o coaches de la criatura. En realidad, también son abusadores, dispuestos a repetir con Europa lo que la mitología profana ya describe, también de antiguo -astado mediante-, mientras que la interesada no parece recordar estos antecedentes ancestrales, quizá porque en el álbum familiar no hay vídeos ni tarjetas explícitas, sino cursis y amaneradas interpretaciones museísticas. También hay otra diferencia, y es que, mientras la casta de las Escrituras parece que tenía claro lo del “no es no”, la antepasada de nuestra contemporánea arrendataria parece que optó por un polisémico “pchss pchss”.
Veremos si las historietas se repiten o ahora se opta por un desenfadado, o inclusive entusiástico, “¡Allá vamos!”, con la diferencia de que ese plural nos involucra más que a los mirones que aparecen en los cuadros.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

