Sánchez no está autorizado para vender el Sahara
Sorpresa mayúscula. Pedro Sánchez capitula ante el rey de Marruecos, y hace lo mismo que recomendó Trump: adjudicarle, dizque por razones de estrategia, o sea conveniencia, un país que no le corresponde.
En tiempos de guerra. Guerra en Ucrania y reconocemos la soberanía de Ucrania sobre su territorio. Tiempo de guerra en el Sahara, pero se pretende quebrar la soberanía del pueblo saharaui.
Dice Argelia que hay una doble traición: la del 75, cuando los acuerdos tripartitos de Madrid, con Franco moribundo, y ahora.
Franco y Sánchez. Con 46 años de por medio. 46 años de campos de refugiados. De diáspora, de retirada progresiva de los DNI españoles que los saharauis tenían entonces, hasta el abandono y la traición histórica.
El derecho internacional pretende ser violentado de nuevo por Sánchez. Los juristas están dando fe de ello.
La ONU y sus resoluciones incumplidas, también: Sánchez se salta a la ONU para caer en manos del monarca alauita.
Pero los 46 años de ignominia han sido también 46 años de solidaridades entre pueblos. Asturias ha mantenido alto el valor de la fraternidad, miles de infantes han pasado por nuestra tierra, miles de actos jurídicos y políticos se han preparado en nuestra Universidad y nuestras instituciones. ¿Borrón y cuenta nueva con todo ello? Imposible.
Ni es posible, ni lo permite la dignidad inmensa de las hijas e hijos de las nubes.
Hay una guerra en el Sahara y Sánchez se ha posicionado con el verdugo y contra las víctimas.
Hay que revertir esa situación de profunda injusticia.
Hay que parar la guerra en el Sahara, pero cumpliendo el mandato de referéndum de autodeterminación, tal como se acordó hace tantas décadas. Lo contrario sería propiciar el genocidio de todo un pueblo. El mismo al que colonizamos y trajimos (o se le usurparon) sus fosfatos, su pesca y hasta su arena. El mismo pueblo que cuando hizo falta fuimos a buscar para que trabajara en nuestras minas, con nosotros. Más de treinta en el pozo Sotón, hasta que comenzó su guerra de liberación, tras la traición franquista.
La paciencia de un pueblo ha sido exprimida hasta el infinito. Pero no es infinita, y el límite puede sorprendernos.
A la RASD la reconocen más de ochenta países: contra ellos lanza Sánchez un órdago peligroso, que como búmeran puede volverse en contra.
Sahara, te queremos libre. Como nos queremos libres a nosotras mismas.
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