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Sahara, la traición

20 de Marzo del 2022 - J. J. J. Suárez González (Gijón)

Recordemos las palabras que Winston Churchill le espetó a Chamberlain, al regreso del entonces primer ministro británico de la Alemania hitleriana: "Se te ofreció elegir entre la deshonra y la guerra y elegiste la deshonra, y también tendrán guerra". Pues bien, ciscándose en el derecho internacional, en las resoluciones de la ONU y en el pueblo saharaui, Pedro Sánchez ha escogido seguridad en vez de dignidad y no tendrá ni dignidad ni seguridad. Poco sabemos, sin embargo, cuáles han sido las verdaderas razones por las que Sánchez, cambiando una política de Estado de décadas, se ha plegado al enésimo chantaje de Marruecos. Al parecer, Marruecos había presentado un pliego de exigencias para reanudar sus relaciones con España, pues había retirado a su embajadora en Madrid cuando el líder del Frente Polisario fue atendido en nuestro país gravemente enfermo de covid. Pero, en contra de lo que se nos está vendiendo, en ese documento no figuraría ninguna garantía alauí de que Marruecos no va a seguir acosando Ceuta, Melilla y Canarias, que renuncia a su soberanía y que no piensa atacarlas nunca (aunque figurara, yo tampoco me fiaría, hay precedentes), solo que controlará los flujos migratorios ¿cómo ha hecho hasta ahora, a cambio de ingentes cantidades de dinero, de cientos de vehículos todoterreno y de que España se plegara a todos sus deseos? Más de un millón de ciudadanos marroquíes, que han entrado de forma irregular en nuestro país, nos ha endosado ya el sátrapa de Marruecos (sin contar los subsaharianos, de los que se nutren las mafias marroquíes) y la situación que viven las ciudades autónomas y Canarias es cada vez más preocupante o, para decirlo de otra manera, es una bomba marroquí de relojería. Sin embargo, yo tengo la sospecha de que la decisión que ha tomado Sánchez, una decisión que no comunicó ni a su partido, ni a sus socios de Gobierno, ni al principal partido de la oposición, ni al Congreso de los Diputados, tiene poco que ver con lo que se nos está contando y se trataría simple y llanamente de una orden de Washington con muy aviesas intenciones y a la que Sánchez, como Feijóo cuando se las cuente en privado, se va a plegar muy gustosamente, porque los partidos que gobiernan este país desde la Transición siempre se han plegado a las órdenes de EE UU. No es la primera vez que les recuerdo que solo hay un país del antiguo socialismo panárabe que no ha sido atacado por Occidente y no es la primera vez que les recuerdo que ese país tiene mucho gas. La grosera intervención de Marruecos en los asuntos internos de Argelia, y sus ansias territoriales expansionistas, también a costa de ese país, obligaron al Gobierno argelino a cortar el gasoducto del Magreb, que surtía de gas a Marruecos y por el que llegaba a España una parte del gas que Argelia vende a nuestro país y por el que Marruecos nos cobraba peaje. Si a esto añadimos que la guerra en Ucrania ha despertado el interés por el gas de Argelia y que este país es aliado de Rusia, se va configurando un cóctel explosivo que a mí me preocupa mucho, un aquelarre de impresentables donde Sánchez, muy irresponsablemente, habría apuntado a nuestro país y en el que también estaría Francia. ¿Asistiremos ahora a una fuerte campaña mediática, después del entrenamiento que han tenido los medios corruptos durante estas semanas, para demonizar a los saharauis, al Frente Polisario y a Argelia para ir preparando el terreno? Veremos. Argelia ha llamado a consultas a su embajador en Madrid. Sea como fuere, los primeros perjudicados por la ignominia, por una traición histórica de la legalmente potencia administradora a la que los españoles decentes, independientemente de su ideología política, no se pueden sumar van a ser los saharauis. Primero Sánchez quiso engañar a la gente echando la culpa a Putin de todos nuestros males, después echando la culpa a la ultraderecha de las protestas de los sectores indignados y ahora también miente. Pero no se puede engañar a la gente todo el tiempo. Exactamente los mismos que lloran compungidos por los refugiados ucranianos condenan a los que tenían nuestro mismo carné de identidad a las miserias y penalidades del desierto de por vida, a una vida de parias a los que tendrían una de las rentas per cápita más altas del mundo si fueran dueños de su propio país. ¡Hipócritas! Otra vez en pocos días vuelven a coincidir viejos militares en la reserva, los entonces oficiales que llevaban la insignia con el dromedario en la guerrera y tuvieron que salir del Sahara Occidental con lágrimas en los ojos, también por orden de Washington, con la parte de la izquierda que todavía tiene principios, pero que parece dar más prioridad a los sillones en los ministerios que a los principios.

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