Nuestra naturaleza asturiana
De ningún modo hemos de olvidar los esfuerzos, los trabajos, los logros y la hermosura de este misterioso mundo que se nos ha dado. Esto lo reconocemos todos. Pero hay que acentuar honradamente nuestras palabras. No olvidemos comportarnos con la naturaleza como nos comportamos con nuestro cuerpo.
Me crie cercado por la naturaleza asturiana, en el campo y familiar a tantos animales. Es mucho lo que les debo agradecer -si no lo es casi todo-. Pero hoy ando un tanto confundido. De nuestros pueblos han desaparecido el mundo mágico de las mariposas, infinidad de pajarillos, golondrinas, árboles frutales... Me resulta tristísimo continuar pensando en tantas desapariciones. En fin, aquella naturaleza de hace años me parece ahora adquirir las imágenes de un sueño. Y prefiero ahora no pensar en el abandono de nuestros montes, prados, fuentes y ríos, ¡y pueblos!
Por otra parte, la verdad es que la gente habla y habla. Tiene su derecho. El diálogo es fundamental; pero hay que hacer también algo más. Hoy parece que la gente se satisface con el solo actuar llamativo. Pero los humanos no llegaremos a ser realmente personas como no nos entreguemos a los demás en este mundo con el que nos tenemos que humanizar. Sin contar con la naturaleza, en realidad, este paraíso se volvería un infierno.
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