¿Dónde puede acabar un mundo a la deriva?
Érase una vez un mundo perfecto, seres humanos con todas las condiciones para ser felices, sin embargo las cambiaron por la propuesta de un personaje engañoso: ser como Dios y decidir por sí mismos lo que está bien y lo que está mal (Génesis 2:17; 3:4,5). ¡Cuánto daño hacen los personajes engañosos! Dios ha dejado que se pruebe el resultado hasta el final, hasta el límite de la supervivencia amenazada por seres humanos que no respetan nada, y que ya se están dando los avisos, no solo con guerras y sus armas atómicas, todavía hay terrorismo, refugiados, contaminación, pestes, hambre, egoísmo, crimen, delitos, inmoralidad, odio y despotismo. Ya todo ha quedado demostrado; el universo funciona maravillosamente, el hombre no.
El ser humano sigue sin interesarse por lo que su Creador considera que está bien o está mal, aunque eso le permitiría funcionar sin perjudicarse a sí mismo y al resto de la creación. Es verdad que fue creado con libre albedrío, pero eso está sujeto a las leyes que rigen el universo, las leyes físicas, naturales y morales que son necesarias para la vida, y especialmente para la supervivencia de toda especie en este planeta, para la paz, la justicia y la felicidad; se nos creó con esa dependencia. Los humanos no fueron creados para actuar en independencia de su Hacedor y todavía tener éxito. Pensemos entonces en cómo debe sentirse nuestro Creador cuando ve que tanta gente usa mal el libre albedrío tomando decisiones que lo perjudican a sí mismo y a otros, o... manipulando el albedrío de los demás.
No le demos mal uso a este maravilloso regalo de la libertad de selección y elección; démosle el valor que se merece. Si somos conscientes de la ley de la gravedad y estamos de acuerdo con ella, no saldremos de casa por el balcón. Al parecer en el terreno intelectual y moral no nos gusta tanto tener que hacer caso a las leyes inmutables y seguras. Quizás está llegando el momento de leer las instrucciones de uso: "Toda Escritura inspirada por Dios es provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16, 17). O... nos caeremos todos por el balcón.
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