¡Allande debe acoger!
Procedo, por raíces familiares, de un recóndito concejo del Suroccidente, Allande, lugar en el que paso todo el tiempo que mi vida y mis ocupaciones me lo permiten.
Se trata de un concejo idílico, al que se llega con dificultad, pero que, una vez allí, se disfruta de un entorno muy cuidado, y en el que los servicios de educación, sanidad y suministros están a un altísimo nivel. Sirva como ejemplo que, en la capital del concejo, la Pola, hay gas propano canalizado y fibra óptica disponible para todo aquél que desee instalarlos. La atención domiciliaria a los mayores es ejemplar, en fin, un lugar con una alta calidad de vida. En los últimos veinte años se han producido grandes mejoras en los núcleos urbanos, no solo en la capital del concejo, sino también en muchos de los pueblos, unos más grandes, otros más pequeños, que lo componen. El problema es que carecemos de lo más esencial, de la gente. La población se va reduciendo paulatinamente, y el emprendimiento, aun cuando existe y hay grandes ejemplos de él en la apicultura, la industria maderera, el turismo rural orientado al Camino de Santiago, etcétera, no resulta suficiente para fijar población.
En definitiva, que todo parece indicar que estamos abocados a terminar siendo un precioso conjunto de villas, pueblos y aldeas... desiertas.
Leo estos días las mil y una iniciativas que distintos ayuntamientos de toda España, y, por supuesto, de Asturias, están llevando a cabo para acoger refugiados de guerra ucranianos que llegan a nuestro país. Sin embargo, me resulta paradójico que un Ayuntamiento como el de Allande, saneado económicamente, con unos buenos servicios públicos, en definitiva, capaz de sumarse a estas iniciativas, no participe en ellas, mientras promueve licitaciones para aperturas de nuevas calles que pocos recorrerán y menos construirán casas en su entorno.
Aún no es tarde, es un deber moral asistir a estas personas, ofrecerles un entorno amigable, facilitarles la vida y, ¡quién sabe!, proporcionarles la oportunidad de arraigarse en una zona sedienta de personas, sedienta de vida.
Por ello, animo a nuestra Corporación Municipal a reaccionar de una vez y sumarse a la imparable ola de acogimiento que recorre toda Europa. Ayudas y colaboración de los vecinos estoy seguro de que no le van a faltar.
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