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La globalización ya no es reversible

28 de Marzo del 2022 - J. J. J. Suárez González (Gijón)

Está Pedro Sánchez como un pollo sin cabeza, dando tumbos sin saber qué hacer, preso de sus contradicciones y de las de sus amos. Se esconde para no contarnos lo que ha hecho con el Sahara y no comparece para explicar a la ciudadanía qué piensa hacer para solucionar la situación límite, no al borde mismo del abismo, sino cayendo ya en él, en que se encuentra España. Lo hará la próxima semana, con las coartadas de que no se pueden hacer según que cosas porque no nos deja la EU, que la traición a los saharauis es lo mejor para ellos pero que todavía no se han dado cuenta y que todo lo malo que nos pasa es por culpa de Putin. Lo tiene difícil el Presidente, sus argumentos no son convincentes, su Gobierno no tiene músculo y ya no lo cree nadie. No hay dinero para tantas chorradas y para comprar votos, dando cheques de 400 euros a los jóvenes mayores de 18 años, es decir, a los que pueden votar, para que compren videojuegos y videoconsolas, regando los estómagos agradecidos de cientos de ONG y chiringuitos de todo tipo, pagando a la gente sin trabajar, etcétera, y que quede algo para la inversión y para solucionar los verdaderos problemas de los ciudadanos.

Hace unos días he escuchado un discurso del presidente de los EE UU, Joe Biden, y decía en él lo mismo que Ronald Reagan en los años 80, que EE UU debe liderar el mundo. Ni uno ni otro presidente de los EE UU me han preguntado a mí, ni piensan hacerlo, si quiero que me lideren. La cosa no es baladí, porque tras esa idea hay una concepción de la economía a nivel global que luego le repercute a usted directamente en el bolsillo. Cuando las economías occidentales se toparon con el grave problema de la sobreproducción industrial no se encontró mejor salida que la globalización económica, había un mercado enorme, el chino, esperando por nuestras fábricas y nuestros productos. La situación empezó a cambiar en la medida que China adquiría tecnología y empezaba a vender a Occidente todo tipo de artículos. Entonces se decidió trasladar una gran parte de la producción occidental a China, que fueran los chinos los que trabajaran y se mancharan las manos, y aquí vivir de la especulación y del dinero fiat, es decir, del cuento. Obviamente, eso no se podía mantener durante mucho tiempo. Producto de la especulación fue la crisis financiero-inmobiliaria de 2008, una crisis que se cerró en falso porque no se acabó con la especulación, más bien al contrario. La pandemia de covid puso en evidencia la superioridad de la planificación y control estatal de China en contraposición al caos especulativo de Occidente. Había estallado una guerra, una guerra económica, y China la estaba ganando por goleada, y si China ganaba la guerra económica ganaría todas las demás guerras. Entonces el mundo anglosajón, el imperialismo que se resistía a perder su hegemonía y a seguir liderando el mundo, tomó una decisión: revertir la globalización. Tanto el brexit como los altos aranceles que Donald Trump puso a los productos chinos iban en ese sentido. Las consecuencias fueron inmediatas: desabastecimiento, encarecimiento de productos, bajo crecimiento e inflación que enseguida escaló hasta la hiperinflación. En esas estábamos, señor Pedro Sánchez, cuando empujaron a Rusia a la guerra y le pusieron las sanciones más brutales que se han impuesto a un país en la Historia. Solo falta ya que prohíban la ensaladilla rusa. A pesar de que Rusia en ningún momento ha cortado los suministros de gas y de petróleo y ha mantenido los precios a los que estaban contratados, se dispararon los precios de los combustibles en Occidente y de los alimentos, hasta del papel higiénico. Los especuladores, trabajando a destajo con la complacencia de los gobiernos y de los ministerios de consumo. ¿No habíamos visto ya esta película en otro formato? Qué cara de tontos les ha quedado ahora a los que decían que en los supermercados de Venezuela no había ni papel higiénico. No contentos con todo lo que han hecho quieren dejar de comprar gas y petróleo a Rusia, como ya hicieron con Irán y con Venezuela. La geopolítica de los irresponsables es muy cara, y la está pagando usted muy gustosamente, porque los ciudadanos están mayoritariamente de acuerdo con esa geoestrategia. Así que todo va a seguir por las nubes y seremos cada vez más pobres, hasta que la goma ya no estire más y se rompa, porque, señores, asúmanlo, la globalización ya no es reversible.

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