Reposiciones d[o-e]centes
De nuevo el caso mediático del profesor sancionado con seis meses sin empleo ni sueldo por poner dieces. Recordemos brevemente su historia: la ausencia absoluta, en sus veinte años de experiencia, de denuncias previas por parte de estamento alguno, la inexistencia de cualquier amonestación anterior, del tipo que fuera, por parte de sus superiores a cualquier nivel, el persistente anonimato de quien ordenó iniciar la persecución, etcétera.
Ya comentamos en su momento que, al haberse recurrido la sanción frente a la justicia ordinaria para dirimir finalmente ese extraño, sorprendente y controvertido expediente (me ahorraré otros calificativos que están en la mente de muchos), la Consejería de Educación pudo haber procedido de dos maneras: o bien dejándola en suspenso hasta que los tribunales la refrendasen o no, desde sus competencias plenas en tal contingencia (lo que, por ende, habría demostrado justa e imparcial benevolencia en tal decisión), o bien hacerla efectiva de inmediato, a pesar de que tal intención no pudiese justificarse en la urgencia de hacerlo por los inmensos daños que de lo contrario podría sufrir la Administración educativa al permitir que el docente siguiese en su puesto, rezumando con tal consideración punitiva (como así fue y ha sido desde el inicio) personal inquina rencorosa.
Esto último es lo que hicieron. Que no se escapase la presa, que comenzase a penar su osadía por encima de cualquier otra apreciación, justa o injusta, arbitraria o menos arbitraria. Sancionar a toda costa. Y eso a pesar de que, frente a la falta de profesorado en los primeros meses del año a resultas de la pandemia, tuviesen que remover Roma con Santiago para encontrar interinos que pudiesen suplir esas ausencias sobrevenidas.
Por cierto, ahora le reclaman además el sueldo por los días que la propia Consejería liberó con total conocimiento desde el momento en que consideró que debería hacerse firme la pena impuesta (23 diciembre) hasta que se lo comunicó al interesado (en escrito firmado el 10 de enero y recibido el 14, casi con tres semanas de retraso), que tuvo que enterarse además de tal decisión indirectamente a través de terceras personas. De nuevo qué actuación tan respetuosa, tan cuidadosa, tan valiente, tan profesional, tan ejemplar.
Pues bien, la justicia acaba de aceptar la medida cautelar solicitada por el docente, que obliga a la Consejería a restituirle de inmediato en su puesto de trabajo (tras posibles apelaciones, en espera del fallo final que proceda). Significativo y previsible cuando menos, visto lo visto.
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