Fútbol o teatro
El sábado pasado el equipo de fútbol de mi hijo pequeño (9 años) estaba citado para jugar un partido en el Polideportivo de La Acebera con el Atlético de Lugones. Pensábamos que iba a ser un partido complicado por la calidad del contrincante, pero con lo que en realidad nos encontramos fue con un espectáculo bochornoso que, como madre, me ha hecho plantearme muchas cosas en lo relativo a los valores y la educación que desde la familia, los entrenadores y los clubes les estamos inculcando a nuestros pequeños.
Nos encontramos con un espectáculo teatral, a mi parecer vergonzoso, en el que el polideportivo se convirtió en un escenario y los niños en pequeños actores a las órdenes de sus directores de escena (los entrenadores). Todo ello consentido por el árbitro del encuentro. Vaya mi respeto para los árbitros en general (de hecho, uno de mis hijos es árbitro), pero desde luego parecía que este sábado su imparcialidad y objetividad se hubieran quedado descansando en casa.
¿Qué valores estamos inculcando a nuestros pequeños? A mi parecer, nos preocupamos de que, en la medida de nuestras posibilidades, reciban la mejor formación académica y hablen muchos idiomas, pero nos olvidamos de la educación en valores. ¿De verdad que no le damos importancia a enseñarles que es más importante el esfuerzo y el trabajo que el saber fingir una “falta” en un partido?
El sábado sentí pena al ver a niños de la edad de mis hijos “llorar” porque un jugador del otro equipo les había hecho “daño” y en cuanto el árbitro pitaba la falta acercarse a su entrenador y con una amplia sonrisa decirle: “¡Lo conseguí! ¿Lo hice bien?”... Madre mía, ¿de verdad que esto es lo que buscamos cuando nuestros hijos comienzan a jugar en un equipo? Por mi parte la respuesta es un NO contundente. Lo que yo busco es que mis hijos practiquen deporte y, en el caso del fútbol, un deporte donde no primen los individualismos y el lucimiento personal, sino el trabajo en equipo, y que además aprendan a ganar, a perder y a empatar, pero siempre limpiamente, sin teatros. Lo que ellos aprendan a estas edades lo van a trasladar a otros aspectos de su vida que nada tienen que ver con el fútbol, por eso me parece tan importante lo que sus entrenadores les transmitan en los tiempos que pasan con ellos.
No puedo dejar de felicitar al Atlético de Lugones por los tres puntos conseguidos, pero como madre estoy más orgullosa de lo que vi en el equipo de mi hijo (incluido Jaime, su entrenador), un juego limpio desde el principio hasta el final y que peleó sin entrar al espectáculo. Afortunadamente, lo ocurrido este sábado no es lo más habitual; a lo largo de toda la temporada solo nos hemos encontrado con dos clubes en los que parece darse prioridad a la agresividad y el espectáculo frente al buen juego y la deportividad: el Atlético de Lugones y el Covadonga-Castañales. Tanto entrenadores como padres animan a la agresividad y al juego sucio; lo siento, pero no doy crédito ni me acostumbro cuando escucho a unos y otros gritar cosas como “matadlos”.
Y lo más triste de todo es que ambos equipos cuentan con unos jugadores estupendos capaces de ganar simplemente jugando al fútbol, sin necesidad de ese teatro y “malas formas”.
Sinceramente, creo que la educación de nuestros hijos está en manos de muchas personas (padres, profesores, entrenadores...) y todos debemos poner nuestro granito de arena para que los niños de hoy sean personas con valores el día de mañana. Gracias tanto a Jaime como a Felipe (entrenadores del Astur) por colaborar con nosotros en esta labor.
Marta María Alonso Martínez
Oviedo
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