Lo que no se dice
Casi siempre que surge alguna noticia del máximo interés, los medios reflejan lo más llamativo a efectos informativos, para captar la atención, pero habitualmente se suelen dejar en el tintero lo más importante, lo verdaderamente transcendente, que es lo que creo ha ocurrido con el “bombazo” del dictamen de la justicia británica sobre la inmunidad de Juan Carlos I y la demanda de Corinna Larsen por el acoso que dice haber sufrido por parte del rey emérito.
Estamos ante un asunto que está teniendo una amplísima cobertura mediática por tratarse de un episodio más relacionado con las “actividades” pasadas del monarca que se llevan poniendo en tela de juicio desde que salieron a la luz.
Es evidente que los medios no le han escatimado espacio, pero no he podido encontrar en los que frecuento a diario referencias explícitas a la eventual jurisdicción y/o competencia de los tribunales ingleses en este caso particular, que es lo que parece desprenderse de una noticia que ha corrido como un refuerzo de pólvora, pero que se puede quedar en eso, como en tantas ocasiones, en más ruido que nueces.
Lo escribo a modo de reflexión, pues carezco del conocimiento suficiente para sustentarla.
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