La necedad borra nuestro futuro
Solo los necios desean ignorar la Historia.
¿Qué hay detrás de las bambalinas?
En la política y en el Gobierno, ¿qué se esconde tras ciertas estructuras, que evitan que el espectador pueda ver lo que sucede fuera del escenario?
“Entre bambalinas”, en román paladino, sabemos que da a entender sucesos o actuaciones que se llevan a cabo de modo confidencial o secreto.
No es posible ni creíble que, tras los muros ministeriales, la necedad pueda campar a sus anchas, actuando sin control de nadie.
No es creíble, pero parece ser que sí es posible, que el intelecto, “facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad”, se haya diluido entre los entresijos del Congreso de los Diputados y los asientos territoriales del Senado.
El nuevo currículo o proyecto educativo que a partir de ahora “teledirigirá” la enseñanza en España, salvo que aparezca la luz de la sensatez, hará de nuestros hijos “autómatas político-ministeriales”, es decir, muñecos hablantes, robots con millones de respuestas prefabricadas, pero con un agravante “moral” sin precedentes; este proyecto está falseado en su universalidad, estará “cercado” como se hace con el ganado; será rodeado por el “elitismo cultural”, financiado por y para el poder.
La inteligencia de nuestros antepasados generó personas destacadas en el ámbito cultural, científico, histórico-geográfico, religioso. Hoy, siglo XXI, año 2022, el novedoso término “el putinismo” (aquí mando yo) se ha apoderado de nuestra pobreza intelectual, energética, económica, moral.
El que piensa y habla es malo, y no se sentará con los “hombres nobilísimos que gobiernan el mundo”.
Se debe obedecer las órdenes recibidas de “cerrar las cañerías del pensamiento, de la cultura y, con ello, las de la libertad”, condición sine qua non para poder seguir en la cúpula del poder.
La capacidad de aprender a dilucidar, la filosofía, sobra y se quita.
La capacidad de aprender a discurrir, sintetizar y conocer el sentido de la palabra, las lenguas clásicas, sobran y se quitan.
La capacidad de conocer nuestro pasado cultural y social, la Historia, las grandes revoluciones y los grandes descubrimientos sobran y se quitan.
Las tradicionales notas del 0 al 10 desaparecen; según los expertos “sociales”, “crean problemas psicológicos en los chavales”.
Aquello de “no pasarán” se ha convertido en un eslogan prohibido. Aquí, ahora, los cursos se “pasarán..., traspasarán..., saltarán...”, como el Comité de Sabios indique.
De este modo se evitarán los problemas psicológicos de nuestros estudiantes. A lo mejor tenemos que cancelar la carrera de Psicología o especializarla para tratamiento de “adultos politizados”.
Lo más grave no es plantear estos currículos, no: lo más grave es quedarse extasiados e inoperantes ante la forma de actuar de las élites de todo tipo. Sus hijos sí podrán estudiar todos los idiomas, sí podrán viajar y conocer todas las culturas, sí podrán saber lo que fue la Revolución Francesa, sí podrán estudiar y analizar el Descubrimiento de América, sí podrán conseguir una cultura libre.
Los demás, a “j..., j..., j...”.
Señores, detrás de las bambalinas del Congreso y del Senado, ¿están personas inteligentes o robots interactivos sin conciencia, sin libertad, sin cultura, sin voluntad...?
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