Reflexión sobre la España vaciada a través de mi experiencia en Bulnes de Cabrales.
A medida que crecía la economía española en los años 1950 (y antes) la gente se marchó de los pueblos para buscarse un mejor porvenir en los grandes centros urbanos u otros sitios, incluso al extranjero, con mejores servicios, ayudas y mejores condiciones de vida y de trabajo.
Esto fue el caso de mis padres, que se fueron para Bélgica en 1966 ya que no había escuela en el pueblu para poder escolarizar a sus hijos de 0, 4, 5, 5 y 7 años. No tenían tampoco carretera, ni luz eléctrica, ni agua en casa, solo la voluntad del trabajo honrado con un rebaño de ovejas que les daban lo suficiente para sobrevivir en condiciones medievales.
No obstante, estaban contentos de sus vidas, de su trabajo, del fruto del campo y de los animales. Una vida difícil pero libre, en un entorno tan bonito como los Picos de Europa.
¿Qué ha cambiado hoy, 55 años después?
De las 60 familias que había en el pueblu quedaran dos o tres familias, seis habitantes como máximo todo el año. Muchas de las casas han caído por falta de mantenimiento u otras degradaciones. Quedan muchas ruinas, mal acceso, malos caminos y todavía muy pocos servicios.
La petición histórica de los habitantes de Bulnes fue siempre tener un acceso rodado. Antes la negativa política de dar al pueblu un acceso rodado como tienen todos los pueblos de España, se les ha impuesto un funicular que se inauguro en el 2001. Esa barbaridad ha costado más de 11 millones de aquellos tiempos, un increíble gasto público que sirve hoy día casi exclusivamente para atraer turismo en la zona. Decisión puramente de política local, ya que Asturias quería competir con su vecina Cantabria, que tiene su teleférico de Fuente Dé.
Las promesas políticas para imponer el funicular fueron un servicio para los vecinos 24/24, sin coste alguno. Todo eso se quedó en unos horarios imposibles para los vecinos de 10.00 a 12.30 y de 14.00 a 18.00 la gran parte del año. Un solo vagón de carga que nos complica muchísimo la logística porque tenemos siempre que esperar (arriba o abajo) la disponibilidad de ese vagón.
Sí, arreglaron el empedrado en los dos barrios del pueblu. Sí, llegó la electricidad al pueblu en el 1989. Sí, instalaron la colecta y el tratamiento de las aguas sucias y el alumbrado público.
Pero el alumbrado público que se puso en el 1989 está cayendo. Las nuevas farolas que pusieron hace quince años están todavía sin cables y sin lámparas, y también están cayendo. Los caminos que habían arreglado están totalmente gastados por la erosión y se pasa con mucha dificultad en tractor. Los propios vecinos tienen que arreglar algunos tramos con su dinero para no desgastarse la maquinaria (suspensiones, ruedas...) o la salud (cadera, espalda...). El colector de agua sucia estará creo en un estado desastroso. No entiendo; ¿cómo permiten eso en Parques Nacionales? Solo un punto positivo, la recogida de basura que gestiona el Ayuntamiento de Cabrales y que funciona bastante bien.
No tenemos conexión 2G/3G/4G, aunque tenemos un internet (ADSL) pero pésimo. Tenemos un tendido eléctrico malísimo que no nos permite mucha potencia y con muchas caídas de tensión.
El 4 de febrero de 2021 el alcalde de Cabrales, José Sánchez, y el consejero de Ciencia, Innovación y Universidad, Borja Sánchez, nos prometieron la fibra óptica antes de final del año. Pues seguimos en 2022 sin internet rápido y no se ve solución a largo plazo.
El presidente del Principado, Adrián Barbón, vino a Bulnes en 2021 por los 20 años de la inauguración del funicular, con sus consejeros, y fueron muy atentos y positivos a nuestras peticiones: arreglar los caminos del funicular a La Villa (estamos esperando);
poner un segundo vagón de carga: el Consejero nos dijo que estaba ya muy avanzado (seguimos esperando, pero alguna voz nos dijo ¡de olvidarlo!); ampliación de los horarios del funicular (estamos esperando, y posiblemente esperaremos mucho tiempo más).
He vuelto al pueblu de Bulnes hace un par de años para intentar regentar un pequeño alojamiento rural y restaurante, y vine con mucha ilusión. Tras dos años de experiencia me topo contra el inmenso valle que hay entre el discurso político y la realidad del terreno.
De un lado, promesas políticas muy bonitas, pero que se desvanecen con el tiempo ya que somos pocos: a nivel político no contamos.
De otro lado, los pocos que se han quedado, o vuelto como yo, para vivir de otra manera, lejos de las frenéticas ciudades, tenemos, o teníamos, ilusión, pero la casi inexistencia de medios públicos que nos arreglen los caminos, el alumbrado..., y los privados como Movistar que se niegan (porque somos pocos) a traernos servicios casi imprescindibles como telefonía móvil y banda ancha... En temas de acceso a Bulnes solo pedimos un vagón de carga y una ampliación de horarios porque resulta casi imposible vivir en un pueblo donde puedes salir a las 10.00 y tienes que volver a casa a las 18.00.
No olvido a los pastores, a quienes quieren eliminar con una política de pegas continuas (extra protección de los depredadores como el lobo; expulsión de los pueblos de la ganadería porque topa con algunos intereses locales; extra protección de los mastines, que por ignorancia quieren asimilar a animales de compañía; ayudas en caída, burocracia...).
Nos queda resistir en esas condiciones, ¿pero por cuánto tiempo? Estoy convencido de que, si no hay un cambio radical en la política de las zonas rurales y aisladas en toda España, la mejor voluntad del mundo que empujó a algunos emprendedores a inversiones en estas zonas (pastores, bares, restaurantes, casas rurales, apartamentos turísticos...) no bastará y terminaremos todos cerrando nuestros negocios para buscarnos mejor vida fuera, como mis padres en 1966.
Claro, se oirán en el pueblo las quejas de una gran cantidad de turistas, sin depreciación ninguna, que después de haber pagado carísimo su acceso por el famoso funicular, se encontrarán con bares, restaurantes y hoteles cerrados.
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