Esperando respuesta
Tengo tanto que contar... tanto que escribir, tanto, que no sé por dónde empezar.
No te quedes solo con el titular, quédate con el contenido, porque en él hay historias desgarradoras, luchas incansables, agotamiento mental, desesperación...
Los titulares de las noticias a veces son muy salvajes, morbosos, sensacionalistas, etcétera. El fin que persiguen es llamar la atención de los lectores y así muchas veces se consigue.
Aunque ya va a hacer casi tres años de este titular en el que mi hijo y yo somos protagonistas de la foto, nada ha cambiado. Tengo que reconocer que en ese momento tuvo mucha repercusión mediática, muchas opiniones y cierta empatía, pero esto es como cuando una noticia te impacta (por desgracia, estamos rodeados de ellas) pero te acabas acostumbrando y pasados unos días ya estamos a otra cosa.
Con esto ha sucedido igual y, aunque siempre estoy insistiendo, nadie se hace eco. De la sociedad poco se puede esperar, pasarán muchos años antes de que empiecen a darse cuenta de que todos tenemos o deberíamos tener los mismos derechos (mis ojos no lo verán).
Los políticos, que tienen la obligación de atender las demandas de todos los ciudadanos hacen caso omiso. Consejería de Bienestar Social y demás estamentos, otro tanto.
No por mirar hacia otro lado los problemas dejan de existir; estos se acentúan y nos cabrea más de lo que estamos porque vemos que somos invisibles, los parias de la sociedad, los apestados que hay que mantener alejados para que no contaminemos a la élite.
El titular de la noticia que nos atañe decía: “Unos padres ofrecen su casa al Principado para su hijo dependiente cuando mueran”. Pues así estamos, esperando que valoren nuestra propuesta. Ellos no lo ven factible porque cuesta mucho dinero ¿? ¿Mejor meterlo en una residencia, cerrar la puerta, tirar la llave y meter los dineros en bolso? Me niego rotundamente, porque él tiene su casa y no tiene por qué salir de ella. Además, la puede compartir con otras personas, al pasar a ser un piso tutelado. Y el día de mañana ahí les va a quedar para otras personas que lo pueden necesitar.
¿Dónde está el problema?
Dejen de echar balones fuera y ocúpense de las personas vulnerables y su bienestar cuando los padres ya no estemos.
Les voy a orientar un poco para que no se pierdan. ¿Saben lo que son los asistentes personales? Ellos están para atender las necesidades de las personas dependientes y ayudarles en su vida diaria, pero, eso sí, en sus casas.
Este viernes, con motivo de las Jornadas de estudio sobre el teatro popular asturiano, que se celebraron en el teatro La Lechera (Corvera), escuché a un actor decir: “El teatro tiene que servir también para reivindicar derechos y compromisos sociales”. Estoy totalmente de acuerdo... Si se escenificaran en el escenario la vida y la lucha de las personas con DC y sus principales cuidadoras (salvo excepciones, somos las madres quienes llevamos todo el peso), igual la sociedad tomaba nota, al menos para no quejarse por nimiedades.
Para terminar, voy a dejar el sentir de algunas madres y un padre que al igual que yo piden dignidad para sus hijos. Cada un@ de ellos deja su sentir, pero está claro que las residencias que nos quieren vender no funcionan.
La queja de Paula Romero:
Un sistema perverso
El mundo de la discapacidad necesita soluciones, sobre todo la discapacidad intelectual.
Los padres de estos niños buscan que progresen, que saquen su potencial para que se puedan defender en un mundo que les excluye. En la edad adulta, van viendo que no serán aceptados, por mucho que se hable de integración. Con el paso del tiempo, sus progenitores buscan con afán un lugar que les sirva de hogar, pensando en el día que ellos no estén. Las residencias, la única solución.
Los recursos son escasos, y conseguir una plaza es una lotería.
Lograda la plaza, el residente se convierte en un negocio, aquí entran los gestores ejerciendo un poder psicológico sobre las familias, que se ven obligadas a guardar silencio. No es posible la denuncia, el temor a represalias o a la pérdida de plaza les paraliza llevándoles a una impotencia que se traduce en una “indefensión aprendida”. Con la falta de control externo perdura el sistema, y, lo que es peor, los gestores crecen en poder e impunidad.
La queja de Fernando Jos Torres:
Años de lucha y no se consigue nada, es desesperante, esto es un sálvese quien pueda, siempre lo digo: todos los políticos deberían estar en nuestras situaciones, verán qué rápido se solucionaría.
La queja de Jacqueline:
Solo me salen palabras aturulladas y mucha rabia!! Una rabia envuelta en pena, dolor, impotencia, soledad... pero todo esto sin bajar los brazos! En este mundo de la discapacidad, todo es muy muy lento, y por eso no podemos dejar de mostrar lo que hay...
La queja de Débora Castell Márquez:
Me recuerda tanto a Juanjo... Cuántas veces estaba sedado... Cómo le caía la saliva porque ni se la notaba... Esas ganas de querer y no poder, ese brillo en los ojos que hablaba más que mil palabras.
No puedo perdonar a este sistema, no puedo más que desear que todos los que mueven los hilos tengan la discapacidad en casa, que a base de sufrimiento se hagan empáticos y consideren a estas personas como lo que son: seres vivos de amor incalculable.
Podría seguir, pero creo que en estos comentarios queda todo dicho.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

