El plan del Muro, ¡qué gran error!
Recuerdo que, en el pasado, muchas ciudades marítimas españolas daban la espalda al mar. Casos como el de Vigo o la misma Barcelona eran, verdaderamente, sangrantes. Afortunadamente, la mayor parte de esos casos fueron subsanados, y los habitantes de esas ciudades pudieron, por fin, disfrutar de su fachada marítima. Por suerte, Gijón nunca tuvo ese problema, la ciudad siempre estuvo volcada al mar.
Hoy, leo con atención en la prensa los planes que la actual Corporación gijonesa tiene para el Muro de Gijón. En pocas palabras, podríamos resumirlo en que se procederá a la expulsión de todo tráfico rodado que no sea de servicio y, a cambio, montarán un bosquecillo con vericuetos para el solaz de la ciudadanía... O al menos de una parte de ella.
Si este plan infame sigue adelante, lo cierto es que hurtarán la fachada marítima a una buena parte de la población. Parece mentira que haya que recordarles a algunos que no a todo el mundo le gusta pasear al borde del mar, y mucho menos en los largos meses de invierno, que no todo el mundo monta en bicicleta, o en monopatín. Pues bien, a todos esos que no pasean, que no tienen bicicleta, que no montan en monopatín, los señores y señoras de la Corporación gijonesa les van a impedir que vuelvan a ver la playa de San Lorenzo. Así de fácil, así de claro.
Los fotomontajes que los estudios de arquitectura preparan cuando tratan de mostrar cómo quedarán zonas que se peatonalizan los llenan de personas jóvenes y hermosas que caminan con cascos de música, que van en sus bicicletas, o en sus patines, o que practican el jogging con los últimos modelos de ropa "strech" que realza sus esculpidos cuerpos.
Se trata de lo mismo que ha venido utilizando el mundo de la publicidad y de la moda desde tiempos inmemoriales: juventud, belleza, cuerpos esculturales, alegría de vivir.
Pues bien, afortunadamente, en el ciclo de vida humano existen esas etapas, pero también existen otras muchas, en las que trabas físicas, psíquicas o simplemente de carácter impiden que todo el mundo pertenezca al maravilloso mundo de los "seres humanos idílicos". Esta circunstancia viene siendo asumida por el mundo de la moda y de la publicidad en los últimos tiempos, aunque aún con la "boquita pequeña". Muestran un par de chicas o chicos gorditos y/o bajitos, o a un par de modelos de edad avanzada en sus desfiles o en la presentación de sus productos, y entienden que ya han cumplido con la "cuota de corrección". Al parecer, la existencia del resto de "seres humanos no tan idílicos" aún no ha llegado a los planteamientos urbanísticos.
En fin, señores que rigen la Corporación gijonesa: piénsenselo muy bien antes de hacer realidad tamaño despropósito, y piensen en toda la ciudadanía, antes de condenar a una buena parte de ella a no volver a ver su querido Muro más que "de Pascuas a Ramos", porque eso es exactamente lo que va a suceder si continúan con sus descabellados planes.
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