Del dichoso infierno
A mí me atemorizaron durante años las terroríficas imágenes del maldito infierno del que tantísimo me hablaban. Tales ideas las considero hoy como uno de los traumas imperdonables que infligieron a mi alma. De niño, y aun de jovencito, no tenía respuestas para este tipo de traumas. No encontraba la manera de justificar tales imágenes.
Posteriormente, dediqué más tiempo a la aflicción por las pérdidas causadas por la violencia, las enfermedades y las catástrofes. Nunca pude justificar emocionalmente, por otra parte, las penas de aquellas pérdidas humanas y el modo de entender que a una infinidad se les adjudicaran tales tormentos. Pero, gracias a Dios, aquellas imágenes que marcaron mi conciencia en otro tiempo han desaparecido por completo con el tiempo.
Para mí hoy el Infierno sería no poder encontrarme en el más allá con el gran Jesús, con mis padres, con mis amigos del alma Chano, Carlos, Jose... Con todos mis seres tan amados y tan míos. Hasta podía añadir a Cervantes, a Platón, a Dante, a Proust, y a un larguísimo número. Espero que sea así. Si lo es: morir y encontrarme con ellos sería un retorno al paraíso perdido.
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