"Rebelión Científica"
La ciencia debe ponerse al servicio de las personas y del planeta. Cualquier otro fin es mezquino, egoísta y nos lleva más rápido hacia el precipicio.
La Universidad de Oviedo era escenario y espacio de una jornada de apoyo a quienes se rebelan desde la Academia contra el desinterés y oídos sordos de la politiquería y las corporaciones empresariales a pesar de las investigaciones aportadas por décadas que avisan del desastre climático producido por nuestro capitalismo depredador.
Catedráticos/as de diversas ramas se hicieron eco de los distintos Informes del IPCC, aunque del último y sus 600 páginas aún queda mucho por compartir.
En referencia a la peli "No mires arriba", los profes llevaron su gráfico del clima Mira Arriba.
La campaña "Rebelión Científica" es una llamada de atención de miles de personas que se dedican profesionalmente a la ciencia en sus diferentes ámbitos sobre la inacción de los gobiernos ante la abrumante cantidad de información que confirma una crisis climática irreversible, una extinción masiva de especies, una contaminación generalizada del aire, los ríos y los suelos y una deforestación catapultada en las últimas décadas con consecuencias devastadoras entre la fauna y flora, pero también en el ser humano, como ha demostrado la reciente pandemia del coronavirus.
Hoy en Oviedo se compartía el texto de "Rebelión Científica" que comienza diciendo que se ha cometido ya el crimen mayor de la historia, y que todavía muchas de sus víctimas están vivas...
"Las décadas de publicaciones científicas no han sido suficientes, nuestros gobernantes no han hecho nada. Como personas pertenecientes a la comunidad científica que conocemos la gravedad del problema, tenemos la responsabilidad de actuar y pasar a la desobediencia civil".
En el primer capítulo del sexto informe del IPCC se muestra con claridad que para limitar el calentamiento global a 1,5 °C se necesitan transiciones socioeconómicas rápidas y de gran alcance, particularmente en los sistemas energético, terrestre, urbano y de infraestructuras (incluido el transporte y los edificios) e industrial.
Tales transiciones no tienen precedentes en lo que a escala se refiere e implican profundas reducciones en las emisiones en todos los sectores, la puesta en marcha de un amplio conjunto de opciones de mitigación y el incremento sustancial de las inversiones en estas opciones.
Pero la realidad es que estas transiciones rápidas que demanda la ciencia y que son tan factibles como urgentes no se están realizando. Los gobiernos siguen subvencionando con dinero público la industria de los combustibles fósiles y numerosas actividades que dañan tanto el medio ambiente como la salud humana.
Las entidades bancarias financian el cambio climático y la degradación ambiental a pesar de organizarse en redes como la Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (GFANZ), para, en teoría, hacer justo lo contrario. Solo 11 de las 30 mayores empresas financieras que cotizan en Bolsa han fijado objetivos fiables para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, según los investigadores del clima de InfluenceMap.
Las entidades bancarias y grandes grupos industriales y empresariales mantienen fuertes medidas de coacción y presión a los gobiernos y a las instituciones oficiales nacionales e internacionales, incluyendo las cumbres del clima auspiciadas por las Naciones Unidas, para impedir o ralentizar medidas eficaces para la reducción de emisiones.
Como prueba de esta gran hipocresía, gobiernos como el de Alemania y el de Francia han sido condenados por sus respectivas cortes constitucionales por inacción climática y en España se está tramitando actualmente una querella climática contra el Estado.
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