El elefante en la habitación
El triunfo de Viktor Orbán en las elecciones húngaras del pasado 2 de abril ha sido uno de los regalos que ha recibido Vladimir Putin en el Kremlin, en plena invasión y destrucción de Ucrania. El otro gran regalo lo consiguió en 2016 con el Brexit. Aquello fue "caza mayor" porque, para Putin, era el inicio del desmoronamiento del proyecto fundacional de la Unión Europea
El nuevo zar de Rusia cuenta en Occidente con valedores a los que mima y financia desde hace años en su objetivo de debilitar a la "pérfida" Unión Europea (Orbán, Salvini, Le Pen, Abascal, Vucic...), es decir, lo más granado de la extrema derecha europea, para quienes la actual UE es una rémora para sus intereses y visiones ultranacionalistas, que coinciden con los intereses de la Gran Rusia de Putin (no incluimos a Mateusz Morawiecki de Polonia, también de extrema derecha y antivalores europeos, porque en este caso el histórico rechazo de Polonia a Rusia y el miedo a ser invadida puede más que otras consideraciones).
"Hemos tenido una gran victoria. Tan grande que se puede ver desde la Luna, y desde luego, desde Bruselas", fue el mensaje nítido de Viktor Orbán hacia la capital europea y, como no podía ser de otra manera, el primer mandatario en felicitarlo fue su amigo Vladimir Putin, quien le manifestó su "deseo de estrechar más los lazos entre Moscú y Budapest". A su vez, Orbán en su discurso, tras ganar las elecciones, dejó claro que Volodímir Zelenski pasaba a engrosar la lista de enemigos de Hungría.
Si algo bueno tiene Orbán es que no se esconde. No necesita esconderse para ganar (como lo hace Marine Le Pen). Desde el 2014, año en que ganó por segunda vez, prometió que rompería con los dogmas occidentales y que asumía desde entonces "los modelos no liberales, ni democracias liberales" y que le resultaban más atractivos los modelos de China, Turquía, India y, por supuesto la Rusia de Putin, con quien se ha reunido en 10 años once veces. Comparte con el inquilino eterno del Kremlin la defensa a ultranza de la nación, la familia tradicional y los valores cristianos, para lo que ha ido reformando el modelo judicial con jueces afines a su modelo social; retocando el sistema electoral en su beneficio y, que nadie lo dude, terminará reformando la constitución para eternizarse en el poder como Putin.
Según Camino Mortero ("Centre for European Reform") Viktor Orbán pertenece a la escuela de Putin. "Ambos participan del mismo juego: La desinformación, la corrupción, los sistemas oligarcas que están dentro del gobierno y el toque nacional conservador identitario". Ha sido, hasta ahora, el elefante en la habitación de Europa que nadie quería destacar su presencia o directamente ignorarlo. El elefante sabía y sabe que no se le puede expulsar de la UE (no existen mecanismos para ello) y la unanimidad a la hora de tomar decisiones importantes se ha convertido en un "bumerang" en el club de los 27, con lo que paradójicamente, todos los europeos estamos financiando con nuestros impuestos el modelo ultranacionalista, anti-LGTBI, xenófobo y antiabortista de Viktor Orbán y su alianza con Vladimir Putin. El modelo ha ido creciendo en la medida en que la extrema derecha crece en otros países en el seno de la Unión Europea.
Putin debe de estar muy enfadado porque la división de voto de la extrema derecha francesa ha impedido que Marine Le Pen haya sido la ganadora en la primera ronda de las elecciones francesas (Le Pen, 23,1 y Zemmour, 7,1) con el 30% de los votos emitidos. Esperemos a ver que pasa en segunda vuelta. Nada está escrito porque el elefante permanece en la habitación.
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