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Desconcierto ante el covid-19 en la atención primaria

13 de Abril del 2022 - Justo Roldán (ee)

A 12 de abril, de este 2022; es decir: dos años después de la peor pandemia desde 1919, causada por un virus nuevo, tanto por sus mortales efectos como por su altísima propagación, las medidas de diagnóstico, control y tratamiento son preocupantes, por desconcertantes -al menos en Asturias-, debido a los diferentes protocolos que se aplican en los centros de atención primaria.

Al día de hoy, no se tiene un control fehaciente de cuántas personas han contraído o contraen diariamente -asintomáticos o no- el covid-19 (o el 20, o el 21, etcétera, póngale el nombre que se quiera, pero es lo que es), pues se han suprimido los test de antígenos y las pruebas PCR.

Veamos un caso: paciente con fiebre, con un síntoma catarral, compatible con una gripe estacional. Acude a urgencias de su centro de salud, y tras ser reconocido, se le informa de que, tras la auscultación torácica y faríngea, no se observan signos compatibles con una mala disfunción pulmonar, por lo cual se le envía a su domicilio, pudiendo realizar una vida normal -trabajo incluido, sea este el que sea- con la mascarilla de rigor. Eso sí, con la advertencia de que, si cambiase su cuadro clínico, acudiese al HUCA (por cierto, “muro de las lamentaciones” de todas las áreas sanitarias y centros de atención primaria a la más mínima duda).

Hasta aquí los hechos. Ahora vayamos a la realidad. Mismo paciente, el cual, al regresar a su domicilio, se realiza por su cuenta y riesgo un test de antígenos. Y este, sin haber transcurrido los quince minutos de rigor, resulta positivo. Repite el mismo y se confirma el mismo resultado, es decir: positivo sin excusas. ¿Qué hace este paciente a partir de ese momento? ¿Ir a trabajar (no le queda otro remedio, no tiene la baja)? ¿Aislarse en su domicilio de las personas que con él conviven y de sus compañeros de trabajo? ¿Esperar, aun a sabiendas del test positivo, a que su cuadro febril y catarral, compatible con una elevada carga viral, remita? (y durante todo este tiempo -no exento de angustia y preocupación-, sin poder contactar con su médico de cabecera, pues el teléfono no lo descuelga nadie, algo que es ya demencial y vergonzoso).

Pues, visto lo anterior, todo indica que debe arreglárselas como pueda. Y arreglárselas como uno buenamente pueda y sepa es la conclusión a la que se llega -y ya llevamos dos años- tras relacionarse con la sanidad pública. Conclusión: cada vez con más frecuencia, y cada vez por causas más diversas, aleja al usuario asturiano de esta sanidad cada vez más politizada y menos profesionalizada, cada vez más cara y menos operativa, cada vez más masificada profesionalmente y cada vez menos humana y resolutiva.

Desenlace: la desorganización es tal que pocos saben ya a qué atenerse ante situaciones como las descritas. La falta de homogenización es tan evidente que cada centro de salud y cada área de atención hacen lo que creen más conveniente.

Es decir, unos hacen test de antígenos o PCR y otros simplemente te tratan como una variante de la gripe, sea cual sea el virus que la provoca, lo que nos hace suponer, sin duda alguna, que su progresión es posible, mientras que su control queda fuera del área sanitaria extrahospitalaria. Falta, lo que ya en Asturias es una constante: criterio científico homogéneo, criterio asistencial riguroso y uniforme e información veraz y pública de lo que con dinero público se realiza, para dejar meridianamente claro cuáles son las medidas correctas a las que debe atenerse cada asturiano ante cuadros gripales -o no- compatibles con el covid-19, cuando no relacionados directamente.

De estas actuaciones, si son coordinadas, no solo depende la salud de tal o cual paciente: dependen la paz y la tranquilidad de todos y cada uno de los asturianos, que no tienen por qué estar al albur de terceros, ni de criterios territoriales fuera del sistema de salud, ejercidos por coordinadores o gerentes de área, cuando no por médicos de familia, carentes de toda uniformidad colegiada.

Si a los centros de atención sanitaria no se debiera ir con test de antígenos positivo, al trabajo y en la reunión familiar y social, tampoco. Coordinación, señores responsables, de esta -y no de otra- sanidad pública que tanto elevan ustedes a los altares y usan de ella para justificar todos y cada uno de los impuestos cada vez más elevados (incluidos la gasolina, la luz, el gas y hasta la guerra de Ucrania) a los que nos tienen sometidos.

Mejor gestión, menor politización y una mayor profesionalización es posible, deseable y hasta exigible. Lo demás, ya se ve: caída en el prestigio de una sanidad que fue cabeza en España y reconocida en el mundo. Y hoy, desgraciadamente, no saben cómo informar a un usuario con síntomas de covid. A las pruebas me remito.

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