La vejez no es lo que era
Como no lo son tampoco, en cierta medida, la niñez, la adolescencia, la juventud o la madurez, porque han cambiado tanto las costumbres, las actitudes, las influencias y los comportamientos, que los niños dejan de serlo muy pronto, la adolescencia se prolonga indefinidamente hasta la madurez, de la que se pasa, tras un corto periodo, a la vejez, que se supone es la última etapa la vida. Y como la esperanza de vida ha aumentado considerablemente, la vejez empieza cuando aun se tiene mucha vida por delante.
Es bajo esta perspectiva desde la que parece difícil saber dónde empieza y cuando acaba la vejez. Yo no lo tengo muy claro, porque si la madurez termina en torno a los sesenta o sesenta y cinco años, la vejez comienza a esa edad y no va a resultar difícil cumplir cien o más años, los viejos vamos a ser considerados viejos durante muchos años, salvo que buscamos otros términos que se ajusten mejor a las nuevas circunstancias.
Por todos esto motivos, creo que se me está pasando la vejez sin darme cuenta y no sé muy bien en qué etapa me encuentro. Quizás la Real Academia de la Lengua encuentre las palabras adecuadas a las nuevas circunstancias, porque creo que todas los que las definen, actualmente, están desfasados, y especialmente las de vejez y ancianidad, en cuyo margen me muevo, con lo que no acabo de encontrarme del todo a gusto.
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