Empatía en las trincheras
Trabajo en el servicio de oncología de uno de los hospitales de la ciudad de Barcelona, donde decenas de pacientes vienen cada día a realizar sus tratamientos de quimioterapia, y debo decir que mis pacientes no dejan de asombrarme día tras día.
Es increíble la capacidad humana de encontrar esperanza y valor en los momentos más duros, pero aún más increíble es la capacidad de empatía que sacan estos pacientes para alegrarse por las mejoras ajenas, aunque ellos no se encuentren en la misma situación. A diario vemos cómo unos mejoran y otros empeoran, pero todos celebran por igual cuando algún paciente termina su tratamiento como si se tratara de un triunfo propio. Entre ellos entienden sus luchas y cada mejora es una victoria para todos. No luchan solos, luchan en equipo, con sus familias, con nosotros y entre ellos.
Hay mucho que aprender de estas y estos luchadores, porque la sociedad cada día carece más de empatía, nos volvemos más individualistas, y estas personas, aun con su propia batalla, son capaces de mostrar una enorme alegría real y sincera por los avances del resto. ¿Por qué no somos capaces de mostrar la misma empatía y comprensión en nuestra vida diaria, sin necesidad de encontrarnos en las trincheras? Deberíamos planteárnoslo.
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