Los parásitos
Todo el mundo sabe que existe una especie humana que vive muy bien sin pegar ni clavo gracias a lo que extraen de sus contactos y de los chanchullos que generan en momentos de especial dificultad social como consecuencia de las catástrofes imprevistas sobrevenidas, como pueda ser el caso puntual de la pandemia y las perentorias necesidades de materiales sanitarios para afrontarla.
Este tipo de persona campa a sus anchas en situaciones de emergencia y lo aprovecha para sacar el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo, si acaso con un par de llamadas al amigo del cuñado, al amigo del amigo, al primo del primo o a algún otro pariente lejano, que cualquier vínculo, aunque sea de un tercer o cuarto nivel, puede servir para lograr jugosas comisiones.
No hay que dudar de que tenemos una Administración que se comporta honesta y rigurosamente, salvo notables excepciones de todos conocidas, pero no parece que dispongan de los detectores antiparasitarios apropiados que sirvan para advertirlos y evitar que se cometan, impunemente, auténticos actos de vandalismo amparados por una legislación caduca que habría que revisar urgentemente.
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