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Semana Santa malagueña

17 de Abril del 2022 - Marcelo Noboa Fiallo (malaga)

A estas alturas del año ya debería estar de vuelta a mi hábitat natural (Asturias) como las aves migratorias. Es el primer año que decidí pasar la Semana Santa en Málaga (mi refugio de invierno). ¿Razones? Simplemente, intentar conocer un fenómeno religioso/sociológico/mercantil en el que nunca había estado con anterioridad dada mi condición de persona atea y, de paso, hacer algunas fotos.

En Málaga capital existen 40 hermandades (de momento), todas procesionan durante la Semana Santa, sin repetir ningún día. Si procediera a nombrar cada uno de los pasos y/o cofradías con sus respectivas hermandades, me temo que el lector dejaría este texto en las próximas líneas, porque todas llevan nombres tan abrumadores como el de las Cofradías Fusionadas: “Nuestro Padre Jesús de Azotes y Columna, Cristo de la Exaltación, Cristo de Ánimas de Ciegos y María Santísima del Mayor Dolor” (¿Quién da más?).

En total, los malagueños, turistas y visitantes pueden participar y sorprenderse por la pervivencia de tales efemérides religiosas durante el transcurso de 40 procesiones (nueve diarias). Intenté contar el número de costaleros que llevan sobre sus hombros Cristos y Vírgenes, y si los números no me fallan son aproximadamente cien en cada paso. No todos son personas anónimas, los hay famosos, como el actor Antonio Banderas, y las hermandades también sufren de la falta de vocaciones (algunas hermandades ya se quejan de la falta de costaleros).

Este año resultó especialmente “doloso” para los que seguimos, a nuestra manera, “procesionando” todos los 14 de abril en recuerdo de la Segunda República, azotada y crucificada por el fascismo el 18 de julio de 1936. Y digo especialmente “doloso” porque, para mayor escarnio, este 14 abril colocaron los organizadores del programa semanasantero la procesión de los Legionarios de Cristo y al Cristo de la Buena Muerte en el día de la República (con desembarco incluido en el Muelle Uno por parte de los legionarios).

La Semana Santa malagueña también nos recuerda que las clases sociales son consustanciales a la devoción. En los lugares más emblemáticos de la ciudad (plaza de la Constitución, calle Larios, Catedral...), donde se concentra el mayor pijerío por metro cuadrado, los asientos reservados para sus delicadas posaderas están acolchadas y con la suficiente distancia entre “devotos” para garantizar su comodidad (no pude certificar si se incluían canapés); mientras, en la Alameda Principal se amontonan y apretujan las sillas de madera plegables para la clase media que puede pagar por acercarse y tratar de emular a los señoritos que a pocos metros guardan las distancias. La plebe tiene que conformarse con manifestar su fe de pie, en las calles adyacentes al centro neurálgico de la devoción.

Huelga señalar que la gran mayoría del público no utilizaba mascarilla y que los apretujones eran inevitables. Al parecer, la Semana Santa venía cargada con el regalito de final de pandemia sin que ninguna autoridad sanitaria así lo hubiera certificado. Habrá que estar atentos al incremento de la positividad de covid-19.

Mientras, la Luna escapaba de una chimenea para testificar con su presencia uno de los pasos que entraban en la Catedral, para ser luego atrapada entre barrotes entre guitarras y fandangos al grito de “¡Viva el moreno!” en la emblemática plaza de la Merced. Todo un “aquelarre” semanasantero que para mayor inri contó con la presencia del alcalde de Madrid y su particular vía crucis con el pelotazo de las mascarillas, pero que, en la Málaga del pijerío y gracias a la intervención de la Virgen de la Paloma, se convirtió en un baño de multitudes, saludando a diestra y siniestra en agradecimiento a los “¡Viva el alcalde de Madrid!”, que rompió por primera vez la solemnidad penitente del acto y que no ha gustado a los cofrades locales, que en Twitter han manifestado su desagrado –“ha sido una actitud de fallera mayor o de Rey Mago del día de Reyes”- y le recordaban: “Está usted en estación de penitencia”.

Me pareció atisbar la presencia de aquellos dos parásitos/patriotas que, después de timar al Ayuntamiento de Madrid, reclaman para sí mismos la medalla de la ciudad... Al final me convencí de que no eran ellos... pero en la tribuna de los señoritos... ¡se parecen tanto!... ¡¡¡que se me antojan replicantes!!!

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