Viajar sola es descubrirse
Hace unos meses decidí coger un vuelo que me llevaría a pasar una semana conmigo misma. Recuerdo subir en el avión pensando que estaba huyendo, pero pronto supe que había sido de mis mejores decisiones.
Estar tú con el mundo es una sensación extraña y peligrosa para la mente, a la vez que única. Dejarse llevar. Ir de un lado a otro. Parar. Y seguir con más ganas. Escuchar podcast durante horas. Leer enfrente del mar escuchando el sonido de las olas. Ver los mejores atardeceres. Sentirte cerca. Conectar con cada sonido y lugar. Llorar. Llorar mucho. Con muchos porqués en mente. Reír. Ser tu misma. Amar con miedo. Pero con ganas. No rendirse. Soñar. Pasar noches sin dormir abrazada a ti misma. Explotar contigo y decir hasta aquí. Debes cambiar.
En tan poco aprendí demasiado. Aprendí que hay que saber parar en medio del caos porque si no puedes entrar en un bucle. Un bucle que solo tú puedes salir de él. Un bucle llamado miedo. Y qué mejor que enfrentarse a él con sus pros y sus contras, con sus más y sus menos. Porque sí, el miedo existe, pero debes aprender a vivir con él. Y sí, viajar sola debería ser una experiencia que nadie debería perderse, porque qué bien sienta cuando uno está en paz consigo mismo.
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