Lo mucho que nos puede ofrecer la prensa
A mis 83 años ya no me hago tantas introspecciones. Prefiero observar la situación del otro y ponerme en su lugar. Y esta idea me viene porque ya es hora de que me tome por la palabra. Además, de por sí hablar mucho de, por una parte, es una manera de ocultarse. Y a mis años me pregunto: ¿pero fue posible que cumpliera tantos inviernos, si me faltan tantos veranos? Habrá que darle razón a Sancho Panza. “Cada uno es como Dios lo hizo, y aún peor muchas veces”. Esto me pasa a mí. Y ya que los años me van dejando solo, aprovecharé LA NUEVA para encontrarme. Como Horacio, adaptaré al breve espacio de mi vida, una esperanza solidaria mayor. Para ello este periódico siempre nos echará una mano.
Y como mi pasado se aleja, si escribo es por saber lo olvidado, aquello que descubro ahora al escribirlo. Dicen que el presente es esclavo de la memoria. Lo sabe todo el mundo. ¿Qué puedo añadir yo? Por lo demás, a tantos a quienes les gusta la violencia y la tortura, la lectura les puede serles su la gran ayuda de un maestro. Cuando abro el periódico, parece que no tengo sensación alguna de apostasía interior. Además, a mí, a quien ya nadie espera en ningún sitio, cuando leo LA NUEVA, tengo la convicción de que nunca me ofrece consolaciones imaginarias. ¡Pobres los que no puedan soportar la realidad! Para mí la sabiduría es saber vivir con los ojos abiertos para poder ver la situación de los otros con sus propios ojos. Nunca se construye con masa ilusoria. Esto es lo que me ofrece a diario LA NUEVA ESPAÑA.
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