Servicio de Salud del Principado, problemas de relación e ineficiencia administrativa
Recientemente, han salido a la luz diversos casos de trato reprobable y mala comunicación ocurridos en los hospitales asturianos, así como otros problemas, no menos graves, relacionados con el funcionamiento administrativo. Eso es sólo la punta del iceberg, ya que muchos otros similares, o aún peores, no se conocen porque las víctimas, pacientes y familiares, se resignan y no denuncian. El problema es grave y afecta a dos aspectos fundamentales: por una parte, problemas serios, de carácter administrativo, y por otra, problemas de comunicación, que son inadecuados, por calificarlos de forma benévola.
Ineficiencia administrativa
Voy a relatar la experiencia personal en ambos casos y, en primer lugar, citaré ejemplos contundentes que demuestran que la Administración no funciona y convierte a las personas en rehenes de una ineficiencia condenable.
Como funcionario de carrera, estuve, y aún estoy, adscrito a la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (MUFACE), a través de la cual recibo las prestaciones sanitarias de una entidad privada, según los convenios establecidos por Muface. Hasta hace dos años, para vacunarme contra la gripe, al llegar el otoño, yo compraba la vacuna en una farmacia, me la ponía con el médico que considerara conveniente y la aseguradora me reintegraba el importe. A partir de 2019, Muface fue desautorizada para prestar ese servicio con independencia y pasamos a depender del Sespa. Como los mutualistas no tenemos un centro de salud de referencia, acudí al más cercano a mi domicilio, en Oviedo, para pedir que me vacunasen, ya que no me llamaban. Respuesta del personal administrativo del centro de salud de La Ería: “No sabemos nada, Muface no nos pasó el listado de mutualistas, pero le anoto”. De inmediato, llamo a Muface, comento la respuesta del centro de salud y la entidad me responde que ellos ya pasaron la base de datos al Sespa. Como puede deducir el lector, esta administración juega con las personas como el gato con el ratón. Pasados quince días, y como no era citado para vacunarme, acudí al centro de La Ería y fui vacunado, pero por iniciativa mía, no porque fuera citado. Como puede inferir el lector, esto es un claro ejemplo de ineficiencia administrativa, muy reprobable, por el enorme perjuicio que causa al ciudadano, que paga un servicio inoperante. La situación se repitió cuando tuve que ponerme las vacunas anticovid: tampoco me llamaban y tuve que recurrir a un correo electrónico que vi en LA NUEVA ESPAÑA y a través de ese medio telemático fui citado.
Poco antes de ponerme la última vacuna anticovid, con fecha 3 de diciembre del pasado año, tuve un absceso febril, llamé al 112, me indicaron el protocolo a seguir y cuatro días después fui citado al HUCA para hacer una PCR. Nunca pude saber el resultado, nadie me comunicó absolutamente nada ni tuve la oportunidad de llamar a ningún sitio para saber si di positivo o negativo.
En la era digital, siendo algo tan sencillo como volcar una base de datos de Muface en el Servicio de Salud del Principado, pregunto: ¿tenemos que seguir resignados a soportar los enormes perjuicios de esta ineficiencia funcionarial del sistema?
Recientemente, este periódico publicó una carta de una buena amiga, que puso la tercera dosis de la vacuna en Canarias y le resultó imposible que el Principado le expidiese el correspondiente certificado de vacunación, actualizado, cuestión que le ocasionó numerosos perjuicios y trastornos en dos viajes recientes que tuvo que hacer al extranjero.
Comunicación inadecuada, rozando los malos tratos
Ningún bien es más preciado que la salud y cuando la perdemos confiamos nuestro futuro al sistema sanitario, representado por el personal médico y resto de especialistas, además del administrativo. En situaciones de zozobra, tras el diagnóstico de una enfermedad grave, pacientes y familiares esperan dos cosas, fundamentalmente: eficiencia científica, por una parte, y empatía, por otra, materializada en una simple palabra amable, que no cura, pero que ayuda a levantar el ánimo, a sobrellevar la tragedia. De lo primero no voy a comentar nada porque tengo conocimientos científicos limitados para hacerlo, pero sí que voy a centrarme en lo segundo, en el lado humano de la relación del sistema con el paciente y su entorno familiar. Y lo hago espoleado por el caso de la enfermera que, recientemente, expresó sus quejas por el trato recibido, con motivo de la pérdida de su marido, al fracasar un trasplante hepático, en el primer hospital de Asturias.
Por desgracia, en mi entorno familiar ha habido recientemente tres personas afectadas por enfermedades graves, que están siendo tratadas en los tres principales hospitales asturianos. En todos los casos ha habido problemas graves, algunos de comunicación y otros de carácter administrativo, y cito sólo dos ejemplos: uno se trata de una persona, con un trastorno grave y que, en la comunicación con la familia, la especialista que le trata deja mucho que desear, puesto que no fue explícita en la descripción de la situación de ese paciente, no se puso en contacto con la familia y tuvo que ser esta quien solicitó la información, pasados varios días, tras el ingreso hospitalario. Al pedirle a la doctora que en días sucesivos se dignase a llamar a la familia para informar de la evolución del paciente, que no recibía visitas inicialmente, se limitó a decir lo siguiente: “Bueno, mejor llamáis vosotros, que yo soy muy despistada e igual se me olvida”. Es cita textual de una conversación que escuché por teléfono.
En otro caso, también de personas muy cercanas, del ámbito familiar, ante la disyuntiva de practicar una intervención quirúrgica o no, por los riesgos que comportaba, otra doctora, del equipo, salió a informar a la familia, dando una descripción apocalíptica de la situación, describiendo con tal crueldad, lenguaje frío, atropellado y distante el estado en que quedaría la paciente, que una hija de esta, presente, en ese momento, sufrió un estado de shock, lo que le llevó posteriormente a un estado depresivo.
Comunicar así no es un delito, por supuesto, pero es simple y llanamente inhumano y pone de relieve que algunas personas que integran los equipos médicos y sanitarios carecen de empatía con pacientes y personas del entorno familiar, que lo necesitan más que nunca.
En el plano administrativo, cito el caso de una paciente que, por necesidades de tratamiento, tuvo que pasar del sistema Muface-entidad privada al sistema de la Seguridad Social. Pues bien, el proceso administrativo es tan proceloso y lento que ha habido un momento en el que la Seguridad Social advirtió a la persona interesada que tal vez se le pasarían los gastos de una intervención quirúrgica que tuvo que hacerse por vía de urgencia. Una hija de esa persona se preguntaba si el líder del Frente Polisario que entró en España con identidad falsa, protegido por el Gobierno de la nación, para recibir tratamiento oncológico, igual que la persona que nos ocupa, también se le habría girado la factura de los gastos que ocasionó, al ser tratado en un hospital del sistema sanitario público español. Ahí queda la pregunta.
Aún hay más cosas, pero creo que como ejemplos son suficientes las descripciones anteriores. Sólo me restan dos cosas: en primer lugar, hacer una petición pública al Sistema de Salud del Principado de Asturias para que cambie estos protocolos, manifiestamente mejorables. En segundo lugar, quiero agradecer a LA NUEVA ESPAÑA que me dé esta oportunidad de denunciar públicamente estos hechos, con la única intención de corregirlos. Hace unos días, en una de las conferencias de la Semana de la Ciencia que organiza este periódico, la doctora Ana Lluch, catedrática de la Universidad de Valencia, y autoridad mundial, como oncóloga, experta en el cáncer de mama, y sobre todo, gran persona en el plano humano, en una entrevista concedida a LA NUEVA ESPAÑA, dijo lo siguiente: “En las facultades de Medicina, debería impartirse la asignatura de Comunicación”. En el transcurso de su conferencia magistral, entre otras cosas interesantísimas, relacionadas con el trato humano médico-paciente, también dijo que es necesario que los médicos no hablen con los enfermos mientras teclean a la vez el ordenador. Tomen nota, por favor.
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