La seguridad de todos
Se está armando un buen lío con lo de los espionajes a los políticos, una circunstancia que está propiciando un reguero de manifestaciones y de noticias de portada, pero que será sustituida por otras cuando la actualidad mande y dé preferencia a algún hecho más destacable.
El asunto del espionaje no es un tema menor porque está en juego la seguridad del Estado, en consecuencia, la del país, y, en último extremo, la de los ciudadanos, que observamos, impotentes, unos hechos muy graves.
Estamos, sin duda, ante un monumental problema que afecta seriamente no solo a la seguridad del Estado, sino a la seguridad de todos, porque, de un modo u otro, también estamos siendo espiados. Nos encontramos, por tanto, ante un callejón de difícil salida porque el espionaje está tan infiltrado en la sociedad, de mil y una maneras, no solo por operaciones sofisticadas de escuchas ilegales al más alto nivel político, sino por ese “gran hermano” que nos vigila y nos domina, que todo lo ve y que sigue nuestros pasos vayamos donde vayamos y hagamos lo que hagamos. Es una realidad, incuestionable, frente a la cual no parece que haya escapatoria.
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