Una leona llamada Margarita Robles
Viva Maggy Oaks-Margarita Robles
Es pequeña pero fina, una leona. A veces me metí con ella por eso de enviar armas a los ucranios para matar rusos. Ahora la ministra de la Guerra es víctima del fuego amigo. El Killer, con tal de conservar la poltrona, puede que a Maggy la defenestre. Tuvo el coraje de defender a España frente a los independentistas ese enano Pérez, con acento llano que los agudos se quedan para la ópera. La cosa no tiene parangón: que sean los de la margen catalana y vasca los que controlen esta democracia no se entienden. Es la pezonera de un carro que marcha a trancas y barrancas. Evidente; el tal Pérez, ese enano que no levanta del suelo una cuarta, y el peludo Puigdemont, prófugo en Bruselas, son sufragados por las fuerzas oscuras. Yo sé de dónde vienen las intrigas, dónde está el fulcro de esa insidiosa palanca; lo dije muchas veces, pero no lo quiero volver a repetir. Los nacionalistas quieren llevarnos a un conflicto, si no de las proporciones del de Ucrania, al menos desgarrador. Nos han bajado del arzón, nos descabalgan. Ahora iremos a pie militantes de la fiel infantería.
Hay otro tema que me preocupa. El de la generación del botellón. Aquí nadie quiere ser tornero ni carpintero ni herrador. Nuestros jóvenes, todos cabos primera, quieren licenciarse en alguna filología, lo cual no está mal, pero a Dios rogando y con el mazo dando, algo de economía, mucha teoría y poca práctica. Faltan albañiles y electricistas. Es un trauma que arrastramos desde nuestras convulsiones históricas. Los conversos todos querían ser hidalgos, vivir en la plaza sin mancharse las manos, aborrecían el trabajo manual. ¿Qué fue de las universidades laborales creadas por Girón?
Por lo demás, todo bien. Es una fresquita mañana de mayo. Los palomos zurean en el jardín de atrás. Oigo su gemido bronco llamando a la hembra. Sigo leyendo y estudiando la lengua y la historia rusa. Por la tarde cogeré la guadaña para segar las malas hierbas. Hay mucha hierba después de las lluvias de abril. Abundan las plantas rastreras, como el licopodio. La hiedra tapa la verja y las enredaderas ahogan el tronco de las moreras y el ailanto que en febrero podó Toñín.
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