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¿A quién alarma la construcción de un hospital privado?

7 de Mayo del 2022 - JUSTO ROLDAN (OVIEDO)

Hace no más de cuatro días que se conoce públicamente la futura construcción de un hospital de titularidad privada en Gijón y ya tanto miembros del Colegio Oficial de Médicos como de dos de los sindicatos del ramo han hecho sonar todas las alarmas ante la influencia que este tendrá, sobre la preeminente sanidad pública, que es la que, desde hace varias décadas, ha ejercido sin competencia la asistencia, la docencia y hasta la investigación en todo el territorio asturiano.

Manifiestan los organismos mencionados su preocupación por el riesgo de un trasvase de personal hacia la medicina privada en detrimento del de titularidad pública. Pero no es esta la real y verdadera preocupación, pues lo que realmente se esconde bajo esa alarma es el riesgo cierto a perder la posición de hegemonía política que desde la asunción de competencias -y aun antes- sigue manteniendo el Sespa, que aplica ante la eficiencia y la ciencia, la ideología y el amiguismo. Y esa politización de la sanidad pública hace que riesgos de trasvases no sean precisamente de un personal que, en su mayoría, prefiere la estabilidad que da “lo público” ante las exigencias y responsabilidades que exige “lo privado”.

Y esa es la cuestión nuclear de una sanidad que ya no puede vivir de los profesionales que la elevaron a nieves de eficiencia, docencia y asistencia enviables. Hoy la mayoría de aquellos profesionales han pasado a ese estado de “júbilo” que se supone es el estado de jubilación. Sus alumnos, aquellos que celebraban el poder realizar su MIR en la sanidad asturiana, o se han ido o siguen -los menos- contra viento y marea manteniendo sus respectivos servicios en unos estándares de calidad que se pueden equiparar a los mejores de España y de los países de la C. E. Y hoy, dada la ineficiente Administración, no deja de ser un mérito añadido.

Dice a este tenor el secretario del órgano colegial de los facultativos: “La sanidad pública tendrá que ponerse las pilas y hacer algo si no quiere que eso suceda” (se refiere, obviamente, a la “temida” fuga de facultativos y personal técnico sanitario hacia el nuevo centro proyectado). Y eso, al menos en el personal médico, no creo que ocurra, y en el técnico sanitario tampoco; (al menos mientras los salarios y el status laboral siga siendo el que es en la mayoría del personal). Lo que sí puede ocurrir y hasta agravarse es la huida del paciente y del usuario en busca, obviamente, de dar solución a su problema; o conocer -que aún es más dramático- qué problema tiene. Actualmente, pero ya constante en el tiempo, al asegurado a la Seguridad Social no le queda más remedio que, duplicando sus gastos, acudir al sector privado para solucionar sus problemas de salud. Y eso es así, y el Colegio Oficial de Médicos y los sindicatos lo saben perfectamente. De ahí que la fuga no sea la que ellos advierten, sino la de los pacientes silenciosos. Y sin pacientes que atender no hay facultativo que pueda ejercer, y así sucesivamente, hasta el último eslabón del personal al servicio del Sespa.

De aquella persecución sobre los profesionales médicos para evitar el libre ejercicio de sus profesiones, obligándoles a una exclusividad que solo demostró su ineficacia, terminaran admitiéndola, para evitar más el deterioro docente y asistencial. A los buenos, en todas las profesiones, y más en medicina, hay que pagarles o, en su defecto, permitirles el libre ejercicio, sin más limites que los que acuerden las partes. Y en el plano funcional y organizativo la actual Administración, o la que viniere, debe contar con el conocimiento de los profesionales sanitarios. La gestión económica va por otro lado. Y la ideológica hay que descartarla a favor del mérito y la capacidad, que son al fin y a la postre los valores que se requieren para una buena asistencia.

También repercutirá esta competencia en la mejora de los actuales centros sanitarios de titularidad privada, necesitados hoy de una revisión de sus estándares de calidad, atención y presión asistencial sobre el personal, ante el aumento de la demanda. Todos los asturianos saldremos beneficiados, usuarios y trabajadores, de lo que para otros parece alarmante.

No hay que rasgarse las vestiduras porque existan dos modelos sanitarios y diferentes opciones; la sanidad sí es universal -como la salud-, pero no tiene que ser necesariamente solo pública. Todos los recursos sanitarios tienen que estar al servicio de la sociedad; y, por el bien de esta, los acuerdos entre diferentes hospitales garantizan una mejor y más rápida atención, lo que repercute en un gasto que al menos es rentable para el contribuyente. Pues es muy lamentable que un asegurado, que cotizó -y este detalle tiene que servir para algo- toda su vida laboral, a la hora de hacerse un escáner o una resonancia tenga que pagarla de su bolsillo.

La libertad de elección, de médico y centro, era una aspiración. Esperemos que de esta se logre.

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