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Cristo lloró tres veces, no ríe nunca en el Evangelio

7 de Mayo del 2022 - Antonio Parra (Cuideru)

En tiempo de tribulación no hacer mudanza, recomienda el de Loyola, y ahora el planeta gime bajo el yugo de una guerra larga de lucha interior de valores que dura décadas. Los ingleses ladran desaforados y, especialistas en la insidia, el ataque y la calumnia, echando espuma por la boca de rabia rusófoba, dicen que Putin padece de cáncer terminal; que el patriarca Cirilo, el prelado que ha vuelto a llenar las catedrales de Rusia, vacías durante el comunismo, es un oligarca. Habrá que interpretarlo a la contra: que el Zelensky monosabio de la trilateral sionista está contra las cuerdas. Tal que se inventan infundios. Es la Pérfida Albión a la que amé pero que no pude soportar al cabo de una década de vivir allí, pues como franquista estaba malquisto. Este chovinismo me hizo renunciar al amor de mi vida. Su premier ese despeluzado fulano que habla en un Oxford rotundo, ¿hay quien le regale un peine? Le haría un favor. No es genuino. Imposta la voz. Es un rubio de bote con el cipote morenote y los pelos con aspecto de haberlos sacado del enchufe. Viene de familia judía de origen lituano emigrada a las Islas. Esto es un garbillo. Lo que cuela pues cuela y lo que sobra se echa al saco de las granzas en el pesebre de los burros.

¡Ay, esta guerra se ha llevado por delante eso que se llamaba antes deontología periodística! Se habla con aberración y fanatismo en el más puro radicalismo que desencadenó la teología del Holocausto, que se ha convertido en dogma de fe irrefutable. Ya se decía en la vieja España “Del rey y de la Inquisición, chitón”, porque los inquisidores merodeaban el aprisco. Cabra que se desmanda es molida a palos o despellejada en vivo. No tengo la capacidad de Jesucristo para hacerme invisible, ni el don de bilocación, pero Él, el hombre más perfecto de la estirpe de Israel, tampoco sucumbió al miedo al sanedrín. El propter metum iudaeorum de Nicodemus.

Se levantó contra los sacerdotes, criticó al Establecimiento. Fue juzgado y crucificado en rebeldía.

No, nunca seré antisemita porque Él dijo: “No vengo a abolir la ley, sino a perfeccionarla”, y he comprobado tras mi conversión a la ortodoxia -cuando Rusia entró en mi corazón marcándole indeleble en aquella iglesiuca de South Kensington donde concurrían las antiguas marquesas zaristas vestidas de vagabundas- que Cristo es el perdón, la resurrección y la vida. Y está en la historia. Está en la himnodia de los salmos, en las letanías, en la voz del diácono que debe de darle al vodka por la sonoridad de su bajo profundo, en la mirada de ese mendigo, en la sonrisa de un niño o en el beso de una prostituta. Estudio cada día apasionadamente los Evangelios. El de Juan, especialmente, y constato que el Maestro no ríe nunca, pero lloró tres veces: a la vista de Jerusalén, en Getsemaní y en la resurrección de Lázaro. Era Dios. También hombre. Amaba las flores del campo y se compadecía de la raza humana que vino a redimir: el hambre, la guerra, las enfermedades, que curaba misteriosamente.

Era taumaturgo, un carisma del que participaron los discípulos. “Estas señales tendrán los que me sigan, domarán serpientes, si veneno bebieren no les dañará. En mi nombre echarán diablos, impondrán sus manos sobre las cabezas de enfermos y tullidos y curarán”. Tampoco escribió una sola iota, solo sobre la arena. Cristo se oculta, desaparece, parece, según San Jerónimo, haber dejado su obra a medio acabar. Ahora bien, está en la historia. Es el rey de la historia.

Permítanseme estas consideraciones de mi parenético particular que abordando el tema cristológico aborda lo sublime. La erradicación de su mensaje tal como desean los anticristos del sanedrín masónico imperante en Occidente me pone de mal talante. Desconocen que el Mesías es un oriental y se adecua al pensamiento semita. Son días del Estercolero. Vienen los adoradores de Belcebú y Belial y nos encuentran con estos pelos. A pesar de todo, ni su figura (la del Salvador) ni su obra podrán ser erradicadas de los anales. Por ser soteriológica. El mundo pasará, pero mis palabras no pasarán. Esta frase al enemigo le hace rechinar los dientes.

Resucitará. Rusia es la patria de la resurrección. Con Putin o con otro, y los rusos prosiguen en su mentalidad oriental. Son bizantinos europeos y también asiáticos. Muy litúrgicos. Pasaron las aguarradillas de abril. Ya es mayo, el cielo despejó, desaparecieron los chubascos. Cristo vuelve. Ya no se hace invisible. Hoy es la gran parada. Victory Day. Pobeda. El recuerdo de la Victoria en la guerra patria frente a la opresión del fascismo que paradójicamente se ha vuelto por unión de contrarios sionista en Occidente. Engrillan los castaños de Indias. Los cerezos de mi huerta se muestran triunfales, la pomarada da gusto verla. Hay que atarse los machos. El que tenga oídos para oír, que oiga. Ladran luego cabalgamos.

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