Solidaridad, ¿hasta dónde?
Desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, la mayoría de los europeos hemos demostrado nuestro lado más solidario aportando nuestro granito de arena. Desde la aportación de material sanitario y alimentos, hasta la acogida de refugiados en los hogares.
Tan solo hace unos meses algunos ayuntamientos tomaron la decisión de brindar a todos aquellos ciudadanos ucranianos la posibilidad de visitar museos y centros culturales de manera gratuita.
Esta resolución ha generado cierta inquietud entre muchos ya que saca a la luz un tema bastante polémico: el racismo.
Como trabajadora de un museo, no tengo ningún inconveniente en incorporar esta nueva medida. Sin embargo, me gustaría cuestionar el por qué no se ha dudado en darles esta ventaja a nuestros vecinos europeos, mientras que otras nacionalidades no han gozado en ningún momento de este u otros descuentos. No recuerdo ningún tipo de facilidad o gratuidad hacia los afganos después de la toma de Kabul este verano 2021.
Vivimos en una sociedad de hipocresía en la que queremos sentirnos bien con nosotros mismos y mostrar de cara al público nuestro lado más bondadoso y generoso; pero cuando nos piden extender esta imagen fuera de los bordes de nuestra llamada "nación" parece que el objetivo de la cámara se nuble y no recordemos esta faceta de la que tan orgullosos nos sentimos.
Los ciudadanos ucranianos están pasando por un momento muy duro y considero que ayudarlos tanto a ellos como a sus familiares o compatriotas es un acto de humanidad y del que estoy a favor, ya que la cultura y la educación nunca deberían ser un impedimento para nadie y es una manera de acercarse a un colectivo que lo está pasando mal. Pero esto debe extenderse para todos aquellos cuyos países estén pasando por una guerra, catástrofe o cualquier situación desafortunada.
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