No olvidemos el alzhéimer
Esta enfermedad puede que no cause el mismo miedo que el cáncer, el sida u otro tipo de enfermedades mortales, pero es igual de peligrosa.
Son indescriptibles los estragos que esta enfermedad causa, tanto al enfermo como a los de su alrededor. Viene de golpe y, de repente, una familia puede romperse por ello. Esta enfermedad no perdona y hace lo que quiere con la mente de quien la sufre. Cada fase nueva se hace más eterna cuando precede a la anterior. No hay final feliz, ni para quien lo padece ni para los de su alrededor; simplemente pueden observar cómo ese ser querido se consume hasta apagarse.
Qué impotencia saber que, irremediablemente, esa persona acabará por irse no sin antes haber pasado todo un calvario. Una enfermedad que nos priva ser nosotros mismos, simplemente ataca llevándose todo cuanto éramos.
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