El arte de la bolichería
La bolichería es el arte de robar marranos sin que se entere el dueño. El cerdo es muy gruñón. Ese es el problema, pero en Cantalejo había bolicheros que se daban buen maña para acabar con el problema. ¿Cómo? Metiéndole el dedo en el culo al gocho. Así no rechistaba, otra media vuelta a los testículos realizada por el hábil capador y ya está... al camión. Así cambiaban de dueño centenares de piaras. Por eso se decía por Castilla: Aquí el que más chifle capador. Ese fulano que se llama Sánchez es un experto en artes bolicheras. Sus elegantes maneras son propias de las de un buen capador porque está castrándonos. Está no solo capando a los españoles, sino comiéndose con los catalanes los mejores jamones del reino. Las más suculentas morcielles, el tocino y el magro. Pues de lo que pare la cerda están buenos hasta los andares. Una manera como otra cualquiera de joder la marrana, y los payos aplauden mientras tanto con las orejas. Les meten mano en salva sea la parte y dicen qué rico. Sarna con gusto no pica.
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