Pegasus, el gran hackeador
Estimado zombi: Con la astenia primaveral que produce ese cansancio y dejadez que nos hace descuidados y vulnerables, nos la hemos pegado con Pegasus y hemos hecho un ridículo, nacional e internacional, de los que hacen época, por el espionaje de Sánchez (2,6 gigas), de Margarita Robles (9 megas), Marlaska (7 gigas) y de otros u otras que vayan apareciendo.
Fíjate el pandemónium:
El Ejecutivo mete el zorro en el gallinero de la seguridad del Estado y el blindaje de la información sensible, dando entrada a ERC, Bildu y la CUP en la comisión de secretos oficiales.
Los de la Generalitat encargan a los Mossos espiar al CNI para, a su vez, denunciar ante la UE el espionaje del CNI al que se sienten sometidos.
Pedro Sánchez decide destituir a la directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban López, por el "delito" de haber vigilado legalmente a quienes amenazaban la seguridad nacional.
La ministra Nadia Calviño, también espiada, declara que tiene la "tranquilidad de que se han aplicado los protocolos que se prevén en cualquier democracia" y que "se ha hecho con autorización judicial".
A ver, a ver, ¿quiere decir que han estado más de un año espiando al presidente del Gobierno con el ok judicial? ¿También en la intimidad? Ay, madre, a ver cómo tapan todo lo que está por salir (por algo los presidentes de comunidades se niegan a que inspeccionen sus teléfonos).
Yo estoy convencido, y tú, estimado zombi, deberías estarlo, de que todo lo que haces o dices o escribes, todo, incluso lo que ves en televisión, está monitorizado por el Gobierno de turno, que funciona como los cerebros de los mosquitos, que codifican a los humanos para localizarnos mejor.
Asumimos que estamos permanentemente espiados, pero el problema cobra máxima importancia cuando afecta a tu intimidad más íntima, y reconoces que el Gobierno, llegado el caso, va a disponer de toda la información sobre ti y tus pasiones ocultas.
Así que ya sabes, toma precauciones, vigila tu privacidad, y nada de tocarse los dídimos (tampoco al prójimo), y nada de onanismo sin antes haber hecho un barrido electrónico en tu habitación, no vaya a ser que ojos indiscretos con tecnología 5G te estén observando de esa guisa.
Como ya hemos comentado aquí, sabemos que durante el acto sexual hay una cascada de información genética no monitoreada transferida entre "socios", y, ahora, los gobiernos de todo signo y condición, en ese afán por controlar, esquilmar y someter a sus súbditos, pretenden que todos los actos de contenido sexual deben ser monitoreados y probados, antes de que se permita la concepción. Ojo a los tentáculos de Pegasus.
Coincidimos en la apreciación de que el onanismo es el asesino sigiloso de la noche, instigado por una conspiración comunista que corroe el cerebro y produce ceguera (lo leí en mi adolescencia en el libro "Energía y pureza"), además de ser fuente segura de procesos paranoicos antisociales y una fuente de desperdicio de nuestros fluidos naturales. Nada que ver con la abstinencia.
Y, por supuesto, aunque el cerebro esté programado para ser astuto, hipócrita, intrigante, engañoso, esperpéntico y manipulador (¡anda, me ha salido el retrato de Sánchez!), siempre será mejor ser un santurrón meapilas que un onanista compulsivo.
Ojo a "Pegas-us", que te la pegas.
Saludos cordiales
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