Arriba y abajo
Hoy me he propuesto pisar el suelo y comentaros acerca de la huelga de autobuses, el espionaje móvil, la devaluación de las pensiones y el ruido contaminador. Bueno... esto último ya sería elevarse un poco del suelo. Sí, la verdad es que ya ando mirando el suelo, y, aunque no me gusta, comprendo que si miro al cielo constantemente mis conclusiones trascendentales acaban cansando al personal normal.
Poco a poco me voy sintiendo algo desplazado en este mundo, aunque -y lo digo sin vergüenza- cada día más amado por los viejos y nuevos amigos. Lo sorprendente son esos, los nuevos, esos que quizá buscan algo más que la mera supervivencia y, claro, no encuentran respuestas en este sistema, así que me dan la oportunidad y el placer en la búsqueda de estímulos para el alma hilvanando poco a poco esas respuestas lógicas, coherentes, determinantes, que naturalmente no se hallan en un mundo ilógico, incoherente e indeterminado.
No es que yo sea un sabio, ni mucho menos, en realidad cada día estoy más tonto, o así me siento en el médico, en Hacienda, acelerando el paso arrastrando la artrosis para que el coche chumba-chumba no tenga que parar, tapándome la nariz cada vez que me cruzo con un fumador, pero, he conseguido encontrar respuestas que me dan esperanza no solo en un mundo mejor, sino en un nuevo mundo, un mundo donde el ser humano se ajusta a su órbita, la que le corresponde en este maravilloso universo después de haber demostrado que no puede gobernarse a sí mismo, y menos gobernar a los demás, entonces recupero el aliento.
Lo siento, queridos y sufridos amigos de este panel, no tengo más remedio que dejaros esta magnífica noticia que llega desde lo más arriba: “Quiero que tengáis paz, no calamidad. Quiero daros un futuro y una esperanza. Entonces me invocaréis, acudiréis a mí, y yo os escucharé”. Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo corazón” (Jeremías 29:11-13).
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