Eurovisión, el festival de la política
Ucrania ha ganado Eurovisión. Y las redes sociales arden ante lo que tildan de una victoria conseguida por el voto de simpatía de la gente, un voto que sirve como muestra de apoyo a los ucranianos, quienes están viviendo una durísima situación como es una guerra. El problema es que, siendo Eurovisión un concurso musical, el ganador debería serlo por méritos musicales.
Por otro lado, esto no es nuevo, quien ve Eurovisión sabe perfectamente que, año tras año, la política es más importante que la música, cosa que priva al festival de credibilidad. Creo que Eurovisión ganaría mucho en calidad si se priorizara y se respetara más un arte tan bonito como es la música. Pero, la realidad es que, en el momento de las votaciones, la música queda en un segundo plano y la política pasa a ser protagonista. Cada país vota, no a quien considera que ha interpretado la mejor pieza musical, sino al país con el que mejor relación política tiene o al país con el que comparte frontera.
La victoria de Ucrania, aunque es un bonito detalle para el pueblo ucraniano que sufre día tras día, es también una muestra más del declive del Festival de la Canción que, al igual que otras industrias como el fútbol o el cine, está en manos de la política.
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