La Nueva España » Cartas de los lectores » Locke y la propiedad

Locke y la propiedad

27 de Mayo del 2022 - Juan Antonio Sáenz de Rodrigáñez Maldonado (Luarca)

Locke establece como finalidad del poder político el “hacer leyes para la reglamentación y protección de la propiedad; y el de emplear las fuerzas del Estado para imponer la ejecución de tales leyes, así como proteger del atropello extranjero; y todo ello únicamente con miras al bien común”. Es, pues, la propiedad el origen del Estado.

La propiedad privada es inseparable de la condición humana y de la libertad. Sin propiedad, el individuo es un dependiente. Cuando el Estado, en nombre del espíritu de > (Fuero del Trabajo, B.O.E, 09/III/1938) informa la legislación de este espíritu, de manera que represente > (B.O.E., a nueve de marzo de mil novecientos treinta y ocho), y pasa a constituirse en el único propietario, mediante la socialización de los medios de producción, de la nacionalización de la banca y de la colectivización de la tierra; cuando, en aras > (F.T.), se ha de llevar a cabo > (P. de Rivera, 17 nov. 1935); cuando >, (B.O.E., Artículo XII.1., 9 de marzo de 1938); si, como mantenía Karl Marx, para construir > ("Manifiesto") se debe llevar a cabo > (Manifiesto, K. Marx, pg. 69 y 71, A.E., 2001); cuando de las facultades y habilidades del individuo, así como de su empleo, el gestor es el Estado; entonces, el individuo, expropiado de sus bienes y cualidades personales, pasa a ser un dependiente, sujeto al capricho y a la voluntad de los burócratas políticos del Estado Proveedor.

La paz social y la convivencia en libertad sólo es posible respetando la propiedad, garantizada por las leyes positivas de la comunidad. Locke parte del hecho de que la herramienta que el hombre primitivo toma de la naturaleza o la elabora por él mismo para cazar y labrar la tierra, así como la pieza que caza, la tierra que labra, el techo que construye o adapta en el hueco de la roca, son sus pertenencias, adquiridas con su destreza y trabajo; son, pues, sus herramientas, sus alimentos, sus adornos y vestidos, y su techo que le cobija. Por consiguiente, hablar del hombre es hablar del arraigado sentido de la propiedad privada. Mas no parece clara la natural bondad del buen salvaje, esto es, la bondad del individuo en estado de naturaleza. Este extremo hace necesario la existencia de un Estado que legisle a favor de dos condiciones irrenunciables para una vida digna, a saber: la seguridad personal y la propiedad privada.

Desde el mismo momento de la creación, a modo de valladar a las extralimitaciones y abusos, causa de las injusticias entre los hombres, Dios "ha dictado la ley natural" (Locke), ley que Dios ha dado a los hombres, igual que ha dictado una ley para el universo físico y animal. Esta "Ley Natural" limita la libertad de los individuos en estado salvaje en su ambición de someter y subordinar a otro semejante; e igualmente, confiere a los hombres el derecho a infligir castigo al transgresor y exigirle reparación de los daños causados a las víctimas. La ley de Dios o Ley Natural regula la vida y las acciones humanas, al mismo tiempo que limita las extralimitaciones. Efectivamente, "aunque ese estado natural sea un estado de libertad, no lo es de licencia; aunque el hombre tenga en semejante estado una libertad sin límites para disponer de su propia persona y de sus propiedades, esa libertad no le confiere derecho sobre sus semejantes". La Ley Natural, pues, obliga a respetar la vida, la salud, la libertad y las posesiones. ¿Qué sucede, pues, con el transgresor de la Ley Natural, cuando atropella los derechos de los otros?

A esta pregunta Locke responde que todo hombre tiene la facultad de ejecutar la Ley Natural, para así defender al inocente y castigar al que ha causado daño. En esta circunstancia y sólo en esta circunstancia "un hombre llega a tener poder sobre otro". El transgresor de la Ley es un peligro para la comunidad; por otro lado, el derecho natural confiere a los hombres el derecho a defenderse; por consiguiente, el ser humano tiene derecho para infligir castigo al transgresor y exigirle reparación por los daños causados a su víctima. ¿Cómo aquellos primeros hombres en estado de naturaleza podían guiarse por la Ley Natural?

Locke cita dos pasajes del Antiguo Testamento, ambos del Génesis, para dar razón de la presencia de la Ley Natural en estos hombres. La primera tiene que ver con el pacto de Yahvéh con Noé, pasaje que, según Locke, explica el origen del derecho a defenderse y hacer justicia, y que reza así: "Quien derrama la sangre -habla Yahvéh- de un hombre verá derramada su sangre por todo hombre" (G. 9, 6). Con el segundo pasaje, Locke da razón de la conciencia que el hombre tiene de la Ley Natural, pasaje donde Caín deja claro cómo esta Ley de hacer justicia y exigir reparación está escrita en la conciencia de todos los hombres, pasaje en el que Caín expresa su temor: "Cualquiera que me encuentre me matará"(G. 4, 14). ¿Qué sucede si el castigo excede a la gravedad del delito?

Qué duda cabe que el hombre no es un ser angelical y que en él anida, con facilidad, la imparcialidad, el amor propio, la malquerencia, la venganza. Locke ve en el poder civil el valladar a este otro rostro de la naturaleza humana y mantiene que, al carecer en el estado de Naturaleza de un "tribunal o jurisdicción superior" que proteja al inocente, aplicando la Ley de manera imparcial, los hombres abandonan el estado de Naturaleza y entran en sociedad. Pero una vez constituida la sociedad civil, hay el peligro que alguien se haga con el poder absoluto. Locke es sabedor de que el alma del monarca no está libre de depravación, que éste, en su condición de monarca "ejerce el mando sobre la multitud, es juez en su propia causa, y hace a sus súbditos lo que más acomode a su capricho". La pregunta que sale al paso es: "¿Habrá que someterse a ese hombre?" La respuesta de Locke es “no”. El monarca que así actúa transgrede la Ley Natural; consiguientemente, debe dar cuenta "ante el resto del género humano".

El hecho fundamental es que las leyes de la Naturaleza, las que dictó Dios para la especie humana, están presentes como > (M.M. Descartes) en la conciencia de los individuos y “obligan a los hombres de forma absoluta, en su propia calidad de hombres, a un convenio solemne sobre lo que deben hacer o no deben hacer, para vivir conforme a nuestra dignidad humana. Por consiguiente -concluye Locke- nos sentimos inducidos naturalmente a buscar la sociedad y la camaradería de otros seres humanos con objeto de remediar dichas imperfecciones”.

Cartas

Número de cartas: 49673

Número de cartas en Abril: 42

Tribunas

Número de tribunas: 2195

Número de tribunas en Abril: 1

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador