A un joven creyente
Escribo hoy a un joven amigo tan preocupado por las ciencias humanas como por la religión.
Le recordaré, en primer lugar, lo que el teólogo alemán Walter Kasper opinaba: en el futuro la fe cristiana sería más simple, perdería su brillo social y cultural, tendría que despedirse de muchas representaciones, más pobre y numéricamente representaría solo a una minoría. Sé que a muchos les asustarían sus palabras. Pero no a mi amigo, que ha comprendido el núcleo de la fe cristiana. Sin olvidar nunca que el mandamiento del amor no solo constituye la ley fundamental, sino también la ley de la transformación del mundo en fuerza humanizadora. Seguir a Jesús no es ir tras él, sino vivir de acuerdo con su modelo, unirse a él, orientando nuestra vida a la luz de su vida.
Mi amigo sabe muy bien lo difícil que se han puesto las cosas. Lo alejados de las iglesias que están tantos jóvenes. Por lo que no me extraña que se entristezca cada vez que recuerda cómo el bueno de Edipo mató a su padre sin conocerle. En él he encontrado a un ser auténticamente humano.
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