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Historia histérica apócrifa de Cataluña

1 de Junio del 2022 - Rufo Costales (Oviedo)

Aunque lo que lea le resulte disparatado, deje volar su fantasía preveraniega, mantenga la calma y preserve el juicio para llegar a la verdad.

Tiene que ver con la creación, nuestros primeros padres, el Edén, Cataluña... Empiezo por contar que hasta el Vaticano reconoce que el Paraíso Natural estaba en el este y sus moradores eran negros. Se deduce, o deducen los independentistas catalanes, expertos en arrimar el ascua a su sardina, que al decir “el este” no se refiere a África, sino al este peninsular, es decir Cataluña (la verdad, no esperaba algo tan profundo, oiga).

La aportación desinteresada de numerosos “autores” conforma lo que resulta el principio simplificado de la historia histérica apócrifa, libre de cuotas, y que se estudiará en els Paisos Catalans, concluyendo sin ningún atisbo de duda que el Paraíso lo formaban Cataluña, Valencia y Baleares:

Como seguro habrá estudiado en primaria, Dios, orgulloso de su condición de primer anestesista de la historia, título concedido a posteriori por la Generalitat, decidió dormir a Adán para sacarle una costilla y crear a Eva.

Adán resultó ser un morenazo del Alt Penedès, y Eva una belleza del Baix Empordá, dedicados ambos a la agricultura sostenible y regenerativa, esperanzados con el proyecto de crear sus propias vacunas en su jardín orgánico.

Una tarde bailaban sardanas en la pista del Jardín del Edén (entre Ripoll y Vic), plagado de flores multicolores y mariposas monarca, cuando una satánica serpiente de “Madritt”, intolerante y maleducada, les ofreció un pincho de tortilla.

Adán, un inmaduro patológico con cara de rodaballo, consciente de que Dios les había prohibido comer nada que no fuera pan con tumaca, pero ignorante del libro de los Proverbios (“es mejor habitar en un país desierto que cohabitar con una mujer litigante y fiera”), optó por tomarse un vaso de agua de repollo, modificado genéticamente, mientras Eva, adicta a los carbohidratos e incapaz de resistir la tentación, desató el caos en un mundo perfecto, desobedeciendo el mandato divino y comiendo de la tortilla esteparia prohibida.

El Todopoderoso que, después de un desencuentro con Lucifer por la mañana, estaba de malas pulgas por la tarde, enfurruñado por el cretinismo de ella y la colaboración necesaria de él, en solo ocho segundos, tomó la decisión, con mucha pena y ninguna gloria, de expulsarles del paraíso, no sin antes encomendarles el placentero trabajo de multiplicarse (“creced y multiplicaos”); obligarles a identificarse con el DNI del Reino de España a perpetuidad; privarles del más mínimo sentido del humor; castigarles con tener una descendencia pedigüeña y quejica (“España nos roba”), y el mandato de vagar por el mundo con un burro catalán (un ancestro del burro de Belén), cargado con barricas de ratafría, bebida autóctona a base de frutas y plantas, haciéndoles sudar la gota gorda para sobrevivir (“ganarás el pan con el sudor de tu frente”, les dijo).

En esta historia histérica se estudiará igualmente que Jesucristo nació en el Valle de Boí, el punto exacto donde los Pirineos tocan el cielo, concretamente en un establo que amablemente cedió a María y a José el dueño de la posada, hostelero del que no sabemos ni el nombre, pero sí su apellido, García, sin cuya ayuda la historia habría sido muy diferente.

El resumen es que mientras el Gobierno central mira para otro lado, el independentismo blinda el catalán como lengua “vehicular” y “propia de Cataluña” y sitúa el castellano como idioma “de uso curricular” y no “de aprendizaje”. Así se escribe la historia, nuestra historia.

Saludos cordiales.

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