Doce horas en Urgencias y las que te pueden caer
Este es el relato sobre lo vivido por mi padre, de 82 años, en el servicio de Urgencias del Hospital de Cabueñes, al que acudió a las 13.00 horas del pasado 26 de mayo y salió a la 1.00 del día siguiente.
En la mañana del 26 mi padre acudió al médico de cabecera para que le informara de los resultados de una analítica de orina, en ellos se descubrió que tenía una infección que el médico por precaución no quiso tratar con pastillas al estar algo dañado de un riñón y que era mejor acudir a Urgencias para solucionarlo, al parecer, con una inyección que se puede poner para tal asunto. Una vez en Urgencias y explicar en el triaje el motivo por el que acudió al hospital con el informe correspondiente del médico de cabecera, las horas fueron pasando sin hacerle absolutamente nada hasta las 19.00 horas que le mandaron orinar en un bote, de lo cual fue la primera noticia que tuvimos sobre él ya que salió un celador para pedirnos que le compráramos agua para tal efecto. Pasadas las 21.00 horas, nuestra inquietud fue creciendo y pedimos explicaciones de qué estaba sucediendo ya que mi padre a esas horas llevaba todo el día sin comer y, lo que es más grave, no poder tomar una medicación diaria bastante importante para su corazón. Nos dicen que el servicio de Urgencias utiliza el triaje “Manchester”, que no es otra cosa que una manera de clasificar la prioridad clínica y que el paciente en este caso tiene un color verde (poco urgente), nos cuentan también que están saturados con poco personal y que pongamos un reclamación sino estamos conformes. A las 00.00 del día 27 nuestra preocupación era máxima y volvimos a pedir explicaciones de lo que estaba pasando sin obtener ninguna a tal efecto, la rabia y la impotencia que genera dicha situación me llevaron a tomar la decisión de entrar a buscar a mi padre y sacarlo de allí inmediatamente porque íbamos camino de las 12 horas en breves. A las 00.45 mi padre apareció en la sala de espera diciéndonos que ya nos podíamos ir a casa. ¿Cuál fue mi primera sorpresa? Pues que mi padre se iba para casa con un tratamiento de pastillas y sin rastro de la famosa inyección por la que habíamos acudido a Urgencias 12 horas antes.
Tristemente no es nuestra primera mala experiencia en el servicio de Urgencias de ese hospital y este no es mi primer escrito al respecto, pero me niego a dejarlo pasar porque somos humanos y no ganado, con todo el respeto del mundo a estos animales. Las personas y menos nuestros mayores no deben pasar por semejantes situaciones, no pido que sea “llegar y besar el santo”, pero tampoco que se juegue con la vida de las personas porque en esta situación no hubo nada grave que lamentar, pero en muchas otras sí, lo digo con conocimiento de causa y habiéndolo padecido en mi persona... Así que, por favor, ¡basta ya!
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