De ejemplaridades
Hace unos días en un programa de radio se abordó el interesante mundo animal en su versión más diminuta, la de los insectos. Aprendí mucho del comportamiento y vida sexual de estos bichos que contribuyen de manera notable al equilibrio del ecosistema. El periodista que dirigía el programa entrevistó al responsable de una asociación que trabajaba con estos pequeños animales y contribuía a la divulgación de sus investigaciones. Entre otras cosas, aprovechó para quejarse de la poca importancia que se daba en España a este tipo de investigaciones y la nula aportación del Estado en el mantenimiento de las mismas, quienes sobreviven gracias a las aportaciones de socios y amigos.
Puso como ejemplo a los Estados Unidos de América, como país que dedicaba importantes recursos económicos públicos para el mantenimiento de estos centros de investigación (tema que yo desconocía por completo). Supongo que el periodista y demás tertulianos que participaban en el programa dejaron pasar el "pequeño" detalle de la ejemplaridad mencionado por el entrevistado al referirse a este país, porque no era el momento de abrir el debate a otras consideraciones sobre la ejemplaridad.
Si se hubiese mencionado a otros países del mundo desarrollado como Finlandia, Dinamarca, Suecia, Alemania... quienes a la vez que destinan recursos a este tipo de investigaciones, tienen claro cuáles son las prioridades en la escala animal: el hombre. Estos países destinan ingentes recursos económicos al desarrollo de políticas sociales que contribuyen a disminuir las consecuencias letales que el capitalismo es capaz de producir por su voracidad innata.
Sistemas públicos sanitarios que cubren a toda la población, sistemas educativos públicos que permiten la igualdad de oportunidades en el inevitable "ascensor social"; pensiones públicas decentes para que sus mayores, que tanto contribuyeron al desarrollo de sus países, puedan vivir la última etapa de su vida de manera digna; servicios sociales públicos que corrigen las desigualdades que produce el mercado libre sobre los más vulnerables... Es lo que se conoce como Estado del bienestar y que en el país más poderoso de la tierra se desconoce y en el que, una gran mayoría de la población, mezcla de ignorancia y fanatismo, tacha de comunismo.
En realidad, los Estados Unidos de América no son ejemplo de nada. Mientras los países mencionados tratan de poner al hombre en el centro de sus políticas, en el país del Tío Sam se pone el acento en el negocio. Todo es negocio. La salud es un negocio, la educación es un negocio y si subvencionan las investigaciones de los "bichitos", mucho me temo, pero la rentabilidad estará previamente asegurada.
El programa de radio al que hago referencia se emitió justo dos días después de la matanza de 19 niños en una escuela primaria en Uvalde (Texas) (una más de la pesadilla americana); consecuencia de una visión del hombre y de la sociedad heredada del "lejano oeste", lo que ha permitido que haya más armas que ciudadanos y donde la respuesta a la lucha contra estos execrables asesinatos es armar a los profesores en las escuelas para su defensa. El número de armas por cada 100 ciudadanos es de 120, según "The Samll Armas Survey" y el negocio va en aumento porque el poderoso lobby del rifle subvenciona las campañas electorales de republicanos y demócratas.
27 estados de los EE UU pronto empezarán a perseguir a las mujeres que aborten si finalmente el Tribunal Supremo (herencia de Trump) se pronuncia en este sentido, con penas de cárcel; mientras tanto la pena de muerte (herencia de la cultura del "lejano oeste") está vigente en los mismos estados que perseguirán a las mujeres.
El sistema "democrático" estadounidense no se escapa al negocio. La democracia del Tío Sam también es un negocio.
No, los Estados Unidos de América no son ejemplo de nada, todo lo contrario.
Habrá que seguir reivindicando la necesaria aportación a la investigación de nuestros diminutos animalitos pero sin olvidar cuál es la prioridad. Pero, por favor, no olvidemos que EE UU no es ejemplo de nada.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

