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¡Estamos en guerra!

2 de Junio del 2022 - J. J. J. Suárez González (GIJON)

Tome usted buena nota de esta exclamación, porque, aunque no es cierta -España y su Parlamento no han declarado la guerra a nadie-, la va a escuchar mucho. A pesar de la propaganda más grosera, a pesar del relato único, a pesar de la censura y a pesar de ese maletín con 100 millones de dólares (que, al parecer, según han filtrado los que se mueven en las alcantarillas, dolidos por lo que les ha hecho el Gobierno, tenía la CIA en la séptima planta de la Embajada estadounidense en Madrid para sobornar periodistas y tertulianos), la gente empieza a no tragar, y eso preocupa, preocupa mucho. Así que uno de esos tertulianos (al que no creo que sea necesario sobornar para que diga sandeces) soltó el otro día esto: “¡Estamos en guerra! ¡Estamos en guerra contra Rusia!”, y a continuación dijo: “¿No es mejor, ya que estamos en guerra, pasarlo mal por las sanciones a Rusia que tener que enviar a nuestros soldados a combatir a Ucrania?”. ¿Lo pilla usted? La coartada para que a la gente le guste el aceite de ricino es inventarse que estamos en guerra. Estoy convencido de que hay mucha gente en este país, y en otros países de Europa, que siempre ha estado en guerra contra Rusia, la rusofobia imperante no puede haber nacido hace poco más de dos meses, pero a mí que no me metan en ese saco y que no pretendan tomarme el pelo. Nadie va a declarar la guerra a Rusia porque saben perfectamente que en pocos minutos serían, seríamos, polvo radiactivo ¿Estamos?

A pesar de todas las mentiras que nos han contado, Rusia está ganando la guerra en Ucrania y cumpliendo todos los objetivos que se había propuesto, entre los que no estaban tomar todo el país ni conquistar Kiev, como ya dijimos en estas mismas páginas (“La batalla que nunca existió”) a finales de marzo. La clave es que las fuerzas rusas están mucho más preparadas, y entrenadas, que las ucranianas. Rusia ha conseguido liberar los territorios del Donbás, ha conseguido conquistar un corredor que une Crimea con Donbás y ha conquistado también casi toda la región de Jersón, al norte de Crimea, hasta la frontera natural del río Dniéper, que nace precisamente en Rusia y atraviesa Bielorrusia antes de vertebrar Ucrania. Además, Rusia controla por completo todos los puertos del mar Negro y del mar de Azov, dejando a Ucrania sin ninguna salida al mar, con todo lo que esto significa para sus exportaciones de cereales, por ejemplo. Para que la victoria rusa sea aplastante y completa, solo faltaría conquistar Odesa y unir todos los territorios prorrusos de Ucrania con Transnistria, el territorio prorruso en Moldavia. Yo creo, sin embargo, que Rusia estaría dispuesta a no tomar Odesa y a dejar su puerto como única salida al mar de Ucrania en unas negociaciones de paz, pero también creo que EE UU, Reino Unido y la UE han decidido que siga la guerra y luego entregar a Polonia los restos de Ucrania, un país corrupto y en bancarrota que nadie quiere mantener. Ya veremos.

Pero, bajo la coartada de la guerra, la real y la inventada, no solo se pretende que la gente trague con los sacrificios, también que se forren las empresas privadas de armamento. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, EE UU ha aprobado ayudas por valor de más de 50.000 millones de dólares que van a ir principalmente a su industria privada de armamento (Rusia no tiene industria privada de armamento). El Gobierno alemán ha anunciado que el país tendrá “el Ejército no nuclear más numeroso y poderoso de Europa, aunque haya que modificar para ello la Constitución”, e inmediatamente ha subido la cotización en Bolsa de la corporación armamentística privada germana Rheinmetall, la más importante de Alemania. La gente debería recordar qué sucedió en el pasado cuando Alemania se rearmó. Los socialdemócratas alemanes se han convertido, como Sánchez y como Borrell, en tipos belicosos y más atlantistas que nadie, y los verdes alemanes no eran, en verdad, como las sandías, verdes por fuera y rojos por dentro, como decía la derecha, eran como los melones piel de sapo, verdes por fuera y amarillos por dentro.

O paramos esta locura o puede pasar cualquier cosa, y no buena.

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